Al arzobispo y a Barbón no les tiembla la mano

OPINIÓN

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes (dcha), saluda al presidente del Principado, Adrián Barbón, durante la eucaristía celebrada en la basílica de Covadonga a la que también han asistido el presidente del parlamento regional, Marcelino Marcos Líndez, y la delegada del Gobierno, Delia Losa, entre otros.
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes (dcha), saluda al presidente del Principado, Adrián Barbón, durante la eucaristía celebrada en la basílica de Covadonga a la que también han asistido el presidente del parlamento regional, Marcelino Marcos Líndez, y la delegada del Gobierno, Delia Losa, entre otros. Alberto Morante

12 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Será por días. O por perres. El tópico de ese grandonismo inofensivo y ordinarión, del que en momentos poco lúcidos se enorgullecen los asturianos, se concentra en esa escena de sacar un puñado de billetes arrugados y ponerlos en el mostrador voceando al camarero que ponga unos cacharros. Será por perres. La dejadez con que llevamos lo del Día de Asturias debe ser porque a Asturias también le sobran días, igual que sobran les perres en el chigre. Será por días. En la ceremonia de Covadonga se superpusieron el habitual batiburrillo reaccionario que disfrazan de tradición, la conducta del arzobispo y la conducta de Barbón. Y al fondo, borrándose del mapa sin que nadie se fije en ella, Asturias.

No tiene nada de particular que un cargo público vaya a una misa. Los ritos religiosos forman parte de determinados momentos vitales de mucha gente y, a veces, es procedente la presencia de algún representante público. Los que sentimos ya más pena que indignación por el guateque de Covadonga no tenemos ninguna obnubilación antirreligiosa. Hay un problema de principio, y no es menor. Nunca es menor un principio que afecta a los límites de la democracia y nunca es menor un problema heredado de una dictadura y enquistado como una rigidez crónica. La condición laica del Estado es una de esas fronteras que separa la democracia del autoritarismo, igual que la separación de poderes. No hay democracia sin laicidad. Que el Estado sea laico quiere decir simplemente que la labor legislativa no está obligada por dogmas religiosos. Quiere decir que el hecho de que la Iglesia católica prohíba el divorcio no hace que el divorcio sea ilegal. Quiere decir que los obispos pueden opinar y presionar como cualquiera, pero los legisladores que elegimos no tienen obligación legal de hacerles caso. No hay otra democracia que la laica.

En Covadonga cada año se confunden de manera indecorosa el Estado y la Iglesia en una estampa que convierte en sainete la representación de Asturias. Se establece una inversión ridícula de las jerarquías, en las que el arzobispo es el que manda, regaña y premia, y los cargos electos los que callan, no vaya a parecer justo en el Día de Asturias que Asturias tiene Gobierno. La Delegación del Gobierno dijo que la homilía del arzobispo fue «desacertada» y hubiera sido mejor que no dijera nada. Cuando el arzobispo puede despachar su intemperancia ultra con palabras que bordearon sin disimulo las consignas más reaccionarias que oímos en los peores momentos, la exquisita contención de la palabra «desacertada» es más una genuflexión temerosa que una réplica contundente.