Presupuestos: el con quién y el qué


Enunciemos una premisa indiscutible: España necesita con urgencia nuevos Presupuestos. Difícilmente se puede gestionar la pandemia económica, y mucho menos afrontar la reconstrucción, con las obsoletas cuentas de Montoro, elaboradas en tiempo de bonanza y crecimiento. Ningún país se puede permitir vivir en la prórroga indefinida y vulnerando el principio constitucional de la anualidad presupuestaria. La excepcionalidad suele ser perjudicial, pero en tiempos excepcionales se convierte en arma letal.

Si se acepta la premisa, el incipiente debate sobre el proyecto que prepara el Gobierno resulta deprimente. Partidos políticos y analistas de postín barajan las cartas y hacen cábalas sobre votos posibles, vetos cruzados y juego de minorías y mayorías. El contenido queda relegado: solo servirá como último recurso retórico para justificar el rechazo o apoyo decididos de antemano. Les importa el con quién, pero no el qué: la política económica que debe sacarnos del hoyo. Les interesa que se produzca el parto o el aborto, según colores, pero se desentienden del embrión y de la criatura.

Y así, todos. El PP ya anunció su rechazo del plato, antes de saber si contiene carne o pescado, porque nunca se sentará a la mesa donde esté Unidas Podemos. De los Presupuestos, sean cuales sean, dirá en su día que arruinan a España. Al PSOE le importa un rábano el con quién -acepta todas las compañías- y el qué: solo quiere sacarlos adelante para garantizar la legislatura. Si lo consigue, los calificará de Presupuestos progresistas y de país. Los demás, igualmente afanados en lo suyo, cuidan el posado para exhibir su mejor perfil, sacar algún rédito y evitar la foto comprometedora en compañías peligrosas.

Existe otra razón oculta que los induce a desentenderse del qué. Los futuros Presupuestos están predeterminados por las circunstancias y condicionados por Bruselas. Si han de ser, serán cuentas expansivas en el gasto y anticíclicas. Habrá mucho gasto, poco ingreso y un déficit monumental. Y esto deja escaso margen de discusión y obliga a todos los partidos a rebajar sus propuestas programáticas o ideológicas. La derecha sabe que, en este momento, no puede defender la congelación del gasto público y la reducción sistemática de impuestos. Significaría oponerse a reforzar la sanidad y educación, a pagar los ERTE o el subsidio de desempleo, o a invertir los fondos europeos. La izquierda sabe, igualmente, que una subida de impuestos en este momento ahondaría la recesión. Al contrario, alguna rebaja puntual, como hizo Alemania con el IVA o Grecia con las cotizaciones sociales, incentiva la demanda y acelera la recuperación. En todo caso, el margen de actuación se ha estrechado. Ya no se trata de la contraposición entre más gasto o menos gasto, sino entre mucho gasto o muchísimo gasto, entre pocos ingresos o poquísimos ingresos. La cancha de la confrontación se ha estrechado y, en consecuencia, deberían aumentar la proximidad y las posibilidades de acuerdo entre las diversas fuerzas políticas. ¡Ah, si no fuera por la foto!

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