Trump y el cambio climático


Podemos hacernos la ilusión de que nuestro dedo índice es capaz de tapar el sol, podemos soñar con alcanzar la luna con la mano en una de esas maravillosas noches de cielos despejados, podemos, incluso, dejarnos llevar por la esperanza de abrazar las nubes tendidos en un suelo tapizado de hierba. Nada de ello es posible salvo en nuestra imaginación y así debe de ser. Pero, ¿qué sería de la vida sin sueños, sin imaginación, sin ilusiones? La realidad ya es lo suficientemente despiadada.

Yo no sé si el cambio climático que estamos sufriendo es consecuencia, única y exclusivamente, de la nefasta y perniciosa actividad humana. No tengo duda de que la contaminación que generamos, bien mediante la combustión de hidrocarburos, bien mediante la utilización de plásticos y otros materiales no biodegradables, bien mediante los vertidos incontrolados de todo tipo de sustancias tóxicas, se está cargando todos los ecosistemas del planeta y la capa de ozono. Tampoco tengo duda de que por nuestra acción la temperatura media está subiendo y, por ello, los casquetes polares se están derritiendo, lo que no solo está provocando la subida del nivel del mar, sino que está reduciendo su capacidad como regulador de temperatura. Y también sé que un ligero cambio en el eje de gravedad de la Tierra es capaz de agravar todos estos fenómenos.

Lo que no tengo tan claro es que los incendios que han arrasado los estados de California y Oregón sean culpa solo de la nefasta gestión del suelo y no de las altísimas temperaturas y de la sequía derivada del cambio climático, tal y como afirma Trump. No le niego cierta razón, lo que no sé es qué opinarán los sudaneses y senegaleses que están viviendo las peores inundaciones de su historia y están a miles de kilómetros de distancia, o los afectados por huracanes de violencia inusitada. Quizá a ellos las empresas petroleras y otras contaminantes que apoyan la campaña electoral de Trump les preocupen muy poco, no así los desastres que sus actividades están provocando.

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