Desastre y caos en Madrid


Todo lo que se podía haber hecho mal en Madrid se ha hecho fatal. Ni se contrataron los rastreadores necesarios ni los sanitarios y profesores imprescindibles ni se reforzó la atención primaria ni se prepararon los hospitales en previsión de que llegara la segunda ola. La sorprendente parálisis de Díaz Ayuso tras el fin del estado de alarma ha resultado letal. Lo resumía ayer este periódico con datos demoledores: Madrid es, con brutal diferencia, la región europea con mayor incidencia del covid. El caos está servido. El coronavirus campa descontrolado con un Gobierno totalmente desbordado e incapaz. Ante este escenario calamitoso, la presidenta de la Comunidad ha tomado medidas para restringir los movimientos en las zonas más desfavorecidas. El despropósito es tal que se cierran lugares al aire libre como los parques y se dejan abiertos espacios cerrados, bares, restaurantes y casas de apuestas. Eso sí, policía, mucha policía, pero ningún atisbo de reforzar la sanidad, que ha llegado a una situación límite, próxima al colapso. Los epidemiólogos coinciden: las medidas llegan muy tarde y dudan de su eficacia. Son como poner tiritas para frenar una hemorragia galopante. Ayuso ha tratado por todos los medios de eludir sus responsabilidades: la culpa ha ido siendo, según tocara, del 8M, Barajas, la inmigración o los ciudadanos. Mientras, se hacía la víctima y denunciaba el «ensañamiento» con Madrid. La misma presidenta que optó por la confrontación total con el Gobierno, exigió la gestión sanitaria y acusó a Sánchez de imponer un «mando único dictatorial» se ha visto obligada a pedirle árnica. Casado llegó a decir que Ayuso era su modelo de gestión si llegaba a la Moncloa. ¿Lo seguirá pensando?

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