Barra libre y resaca


En línea con la invitación de la directora del FMI -«gasten cuanto puedan, pero guarden los recibos»-, Bruselas mantendrá la barra libre para el gasto público durante el 2021. Pero pide a los países que la utilicen con responsabilidad. El Gobierno de España también facilita barra libre a comunidades autónomas y ayuntamientos, pero les recomienda moderación a la hora de beber. El Consejo de Ministros cifró ayer la cantidad de copas que necesita el país para saciar la sed sin que la inevitable resaca derive en delirium tremens.

A falta de la cifra concreta, todos sabíamos que el techo de gasto iba a ser histórico. Porque hay que tapar los enormes socavones causados por la pandemia, drenar el terreno y echar los cimientos de la reconstrucción. Tres agujeros que engullirán miles de millones de euros y una no menos costosa palanca de reactivación. El primer boquete lo originó el desplome de los ingresos tributarios. Puesto que subir impuestos en este momento sería descabellado, solo caben dos opciones: o cercenar servicios públicos o financiarlos temporalmente a crédito. El segundo sumidero de dinero lo conforman los estabilizadores automáticos, que se ponen en marcha cuando se derrumba la economía y el empleo, y el escudo protector de los más desamparados: los subsidios de paro, los ERTE y sus prórrogas o el salario mínimo vital. En tercer lugar, hay que reparar y reforzar los tres pilares básicos del Estado del bienestar cuarteados por el virus: sanidad, educación y servicios sociales. Lo que implica una fuerte inyección de recursos en las comunidades autónomas y también en las corporaciones locales.

Conviene advertir que esos parches, absolutamente imprescindibles, son de emergencia. La rueda de repuesto para ir tirando hasta el taller. Insostenible a corto plazo si, paralelamente, no invertimos en un potente plan de reconstrucción que devuelva las constantes vitales a la economía y selle definitivamente los socavones. Un plan que incluye los 20.000 millones que, como primera entrega, espera obtener el Gobierno del fondo europeo de recuperación en el 2021.

Barra libre, sí, pero utilizada con cordura y de forma eficiente, porque al final nos espera la resaca. En la segunda fase pasaremos por el mostrador -«guarden los recibos»- a abonar la factura. A efectuar ese pago que los tecnócratas llaman consolidación fiscal. Y no hablo de la deuda que heredarán nuestros hijos, sino del día después del cierre de la barra, tan pronto como el 2022 si las cosas salen bien. En ese momento comenzaremos a tragar el aceite de ricino en una de sus tres modalidades: subida de impuestos, recorte del gasto o una mixtura de ambos.

Por eso es importante que los gobiernos, central y autonómicos, se hagan seriamente dos preguntas: cuánto debo gastar y, sobre todo, en qué debo gastar. En teoría, la respuesta es fácil: ni una copa de más en gastos corrientes y recurrentes que no podemos mantener indefinidamente; ni una copa de menos en gastos productivos para salir del hoyo. Acertar con las dosis precisas ya es otro cantar.

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