redacción

Cuando los políticos se ponen a construir un relato donde ir encajando las piezas que vayan surgiendo por el camino, están manipulando. Muchas veces esas piezas sueltas encajan únicamente a martillazos, pues la realidad es la que es y no siempre encaja en las ideas de cada uno. El relato puede crecer indefinidamente y con la dichosa pandemia varios de ellos están propagándose como plagas de langosta, devorando toda la realidad que encuentran a su paso y dejando tras de sí ciudadanos idiotizados, aturdidos, sumidos en un duermevela que solo la persistencia del virus puede alargar. 

Relatos conspiranoicos como el cocinado por Steve Bannon sobre el origen artificial del virus, relatos desesperantes sobre heroínas de la libertad en lucha contra un gobierno central anarcocomunista y liberticida, relatos nacionalistas y patrióticos, relatos de madrileños ricos, como todos los madrileños, abandonando su Comunidad Autónoma para propagar el ébola, relatos sobre virus mágicos que solo contagian en tu tiempo libre. Son solo eso, relatos. Se basan en una parte de la realidad que termina siempre desfigurada y en ocasiones como una vulgar caricatura de ella. No hay tantos madrileños ricos, ni un gobierno central anarcocomunista, y tampoco hay tanta gente okupando viviendas con impunidad. No hay un plan de Pedro Sánchez para ocupar Moncloa hasta 2031 y mandar al Borbón a Portugal de vacaciones permanentes. El éxito de estos relatos se basa en las veces que se reproduce y una mentira repetida cientos, miles de veces, termina cuajando en muchas cabezas donde, una vez suspendida la incredulidad, todo adquiere una lógica interna aparentemente inquebrantable y cualquier nueva incorporación al relato es acogida calurosamente. Al final, estos relatos solo sirven para reafirmar los prejuicios de cada uno, para dotar al odio de una razón de ser. 

Quizá por eso estos días solo estoy dejando entrar en mi cabeza de alguna manera el relato del caso Mainat. Lo tiene todo: su conspiración a lo Agatha Christie por un asunto de herencias, su prostituto de lujo, su casa de citas, la ex del prostituto, delirantes detenciones policiales en riguroso directo y toneladas de fama, emoción, sexo y dinero. Jamás una ficción resultará tan refrescante. Al fin y al cabo no hay más indecencia en esta que entre los creadores de todas los anteriores.

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El relato