Redacción

El Partido Popular (PP) hizo hasta el viernes lo que tenía que hacer en Madrid: diezmar. En la Grecia antepasada los dioses figuraban, con las leyes, como leitmotiv de la existencia y, en consecuencia, los sacrificios eran principalísimos. Uno de ellos consistía en matar cien bueyes. Era la hecatombe. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en un arranque descubridor, dijo que no cambiaba la inmovilidad (económica) del cien por cien de los madrileños por un uno por ciento de víctimas. Un uno por ciento está próximo a los 70.000 muertos. O sea, una hecatombe.

Los bueyes sustituyeron a los hombres en los altares-matadero de la antigüedad en pueblos de todo el mapamundi. El Antiguo Testamento lo testimonia en el pasaje de Abraham e Isaac. La modernidad, hipócritamente humana, se ofendería ante la visión de un cuchillo seccionando la yugular de un semejante. Por eso, el sangrado gota a gota y sin altar, camuflado en lo cotidiano, no ofende.

El Gobierno de la nación, que des-gobierna España, acaba de decretar el Estado de Alarma de Madrid, en absoluto el confinamiento de la última primavera. Lo hace tarde. Lo tuvo que haber hecho en otras regiones (Cataluña hace unas cuantas semanas; Cataluña, sabido es, no se toca). Pero, así y todo, Pedro Sánchez trata de que los bueyes del PP no sigan pereciendo a ritmo endiablado. Trata de que los miserables no sigan siendo diezmados a ritmo endiablado.

Sostiene la derecha que, en la pandemia, hay que equilibrar la salud y la economía. Es este un mensaje sublime. Tranquiliza y tiene la forma de verdad. Pero es mendoso. Porque tal equilibrio es imposible. O la salud o la economía. O esta en desequilibrio con aquella. Más todavía: solo la salud permite la economía; solo partiendo del cuidado de los cuerpos (Ética mayúscula) se cuida la producción. Sólo desde la protección de los ciudadanos, especialmente de la ingente cantidad de ellos, sobre cuyos esqueletos y músculos se apoya el sistema ultra capitalista, se puede recuperar el daño que anega el trabajo. Y, entretanto, proporcionar dineros, rápidos y efectivos, a los damnificados.

Pablo Casado ha dejado el filo del hacha al modo del gusto de Vox, tratando de taponar la hemorragia de votos, lo que puede abrir un boquete en el lado opuesto. Habremos de suponer que Casado se ha plegado a la derecha de su derecha del PP. Mal asunto para el político que persiga ser determinante. Pero peor aún para los gobernados.

Dicho sea para no insistir más en ello: no se debe ir más allá del límite, porque, tras el límite, está la infamia y la villanía, la guadaña y la hecatombe. O sea, el Mal.

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Madrid. Los bueyes del PP