La ofensa y el respeto

OPINIÓN

Una mujer observa una ilustración en la pared de los miembros del equipo de «Charlie Hebdo» asesinados en el 2015
Una mujer observa una ilustración en la pared de los miembros del equipo de «Charlie Hebdo» asesinados en el 2015 Mohammed Badra | EFE

22 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Las creencias no merecen ningún respeto, por muy sagradas que las considere el creyente de turno. Las creencias, las ideas, deben estar siempre sujetas a debate. Podemos burlarnos de ellas, insultarlas, criticarlas. Desde el momento en el que se acepta que hay creencias que deben permanecer al margen de esto, la libertad de expresión se puede ver en serios apuros.

No hace falta que te guste algo para defenderlo. Ese algo, pongamos una caricatura de Mahoma, no tiene que ser de buen gusto, ni ser bonito. Puede resultar desagradable. Obsceno. La defensa de la libertad de expresión no debería establecer límites entre lo agradable o no que sea lo que toque defender, pues eso es algo subjetivo. Aquí no se trata de si algo es bonito. Y tampoco de si es lícito ofender a alguien.

Ofenderse por una caricatura es problema de quien se ofende. Esa ofensa debería quedar en poco más que un enfado, una crítica, una burrada. Es decir, la libertad de expresión debe amparar las estúpidas opiniones de quienes se ofenden por unas caricaturas de Mahoma. Existe el derecho a la libertad religiosa, pero las religiones no tienen derechos. O, al menos, no deberían tener ningún estatus especial que las proteja en ese sentido. Como el resto de ideas, sensatas o como en este caso, nada sensatas. Y desde luego, la publicación de las caricaturas de Mahoma en Charlie Hebdo, o su exhibición muy acertada en una clase sobre libertad de expresión, no debería costarle la cabeza a nadie. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido esta semana en Francia.