Derecha rota, Sánchez triunfante


Estaba anunciado: Santiago Abascal iba a fortalecer a Pedro Sánchez con su moción para tumbarlo. E iba a poner en aprietos a Pablo Casado porque lo ponía en la disyuntiva de votar a favor de la coalición social-comunista o de alinearse con la derecha más radical, además de arrebatarle una parte de su mensaje de oposición. Y hasta el momento de cerrar esta crónica, todo ha salido según lo previsto. En su réplica a Abascal, el señor Sánchez casi parecía un gran hombre de Estado, con un discurso escrito previamente, pero que sonaba a moderación y acuerdo. Y el PP tuvo que sacar a García Egea a la sala de prensa en medio del discurso del candidato para marcar distancias y repudiar la moción.

Ignacio Garriga y Santiago Abascal hicieron discursos incendiarios. Buenos para su militancia, pero incendiarios. No se recuerda una descalificación de ningún Gobierno tan global, tan detallada ni tan radical. Daba la impresión de que ambos se habían dedicado a recoger lo que dice la España más indignada, la España del cabreo, para soltarlo de golpe, sin ningún tamiz, en el Parlamento. No salvaron nada ni a nadie, con excepción del rey, y el Gobierno es para ellos la alianza letal de los enemigos de España y, como letal que es, produce efectos mortales para la convivencia y la democracia. El problema de Vox es que el exceso en la crítica le resta credibilidad. La verdad es enemiga de la exageración. Y la primera fase de la censura ha sido un monumento a la hipérbole. El Gobierno quizá no sea bueno. Pero tampoco puede ser tan malo. Incluso diabólico.

De esta forma, le hicieron a Pedro Sánchez el favor del año, quizá de la legislatura. Es que esta moción de censura le brindó una oportunidad de oro para la defensa de su gestión. No tendrá otra oportunidad mejor. Le permitió presumir de patriotismo integrador, de constitucionalista y de hombre de diálogo frente a una ultraderecha que «ama la España tenebrosa de Torquemada». Y dejó un dibujo que da mucha vida al censurado: a un lado, la política del «insulto, el odio, la furia y la provocación»; al otro, la política progresista, abierta, moderna, que tiene soluciones a los problemas concretos. Y de paso, la tentación en la que Pedro Sánchez siempre cae a placer: salpicar al PP, con la maldad de confundir a Abascal con Casado. Creo que tiene razón Teodoro García Egea: Vox representó ayer en el Congreso «la derecha que más conviene a la izquierda».

Este es mi primer asomo a una moción de censura pensada para perder, pero también para disponer de un altavoz publicitario, morder al Partido Popular, tratar de capitalizar el descontento social y sumar algunos votos. Una trampa para Pablo Casado, como hemos dicho hace un par de días. Pero de Pablo Casado y de su capacidad de reacción hablaremos mañana. La impresión inicial es que la derecha se acaba de romper un poco más.

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