La conciencia crítica de España


De todas las personalidades que pueblan la actualidad española, hay una especialmente fascinante: el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. Se trata de un economista joven (49 años), formado en el mismo banco y con responsabilidades diversas en la Administración Central del Estado. Fue nombrado gobernador dos días antes de la presentación de la moción de censura contra Mariano Rajoy. Es decir, que lleva algo más de dos años en ese puesto y, según los expertos, ejerce de forma intachable y poniendo por delante la autonomía del banco. Esa autonomía le da una gran autoridad para el análisis de la realidad económica. Para decirlo con más exactitud: para decir en público los análisis de sus equipos, que quizá sean los más solventes y rigurosos de este país. De vez en cuando asoma como la conciencia crítica y creíble de las grandes decisiones políticas.

Por ejemplo, los Presupuestos Generales del Estado. Este miércoles compareció en el Congreso de los Diputados y dijo cosas muy serias sobre ellos. Dijo que las previsiones sobre las que están redactados le parecen excesivamente optimistas, porque ignoran o minusvaloran el impacto que todavía puede tener el coronavirus. Añadió que las previsiones de gastos e ingresos tienen pocas posibilidades de cumplirse, con lo cual, añado yo, son unos malos presupuestos. Criticó el aumento de sueldo de los funcionarios, que, en todo caso, no debiera ser genérico, sino selectivo, pensando más en el personal sanitario. Y expresó desconfianza sobre el destino de los fondos europeos. Añado también en este punto que esa desconfianza se está generalizando: cada día oigo a más expertos que aseguran que los proyectos gubernamentales conocidos suponen gasto, naturalmente, pero carecen de ambición de futuro y de creación de riqueza estable. Mal comparado, serían algo así como el Plan E de Zapatero, pero con muchos más recursos.

La discrepancia siempre es seductora; pero, si es de una autoridad como el gobernador del Banco de España, produce lo que escribí al principio: auténtica fascinación. La duda es si esos criterios sirven para algo. La vicepresidenta Calviño, presente en la sesión, liquidó el tema asegurando que los Presupuestos han sido redactados según las previsiones de que se disponía. La prensa les da importancia, pero con el problema de esta época: los análisis, las grandes noticias y los grandes datos son consumidos en un solo día. Cada declaración de Hernández de Cos debería suscitar debates públicos, pero, si alguien abre un debate que no sea sobre el rey Juan Carlos o sobre la última «viuda negra», está condenado al fracaso. Y así, grandes aportaciones a la economía o a la convivencia se pierden en la hojarasca de lo urgente o lo morboso, en un menosprecio del talento y el esfuerzo investigador. Es uno de los males de este tiempo y en este país.

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