EEUU, no Biden, uds. no lo olviden

Eduardo Madroñal Pedraza

OPINIÓN

Joe Biden volvió este martes a Florida para dirigirse esta vez a los jubilados
Joe Biden volvió este martes a Florida para dirigirse esta vez a los jubilados TOM BRENNER | Reuters

09 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Biden es ya -en términos absolutos- el candidato presidencial más votado de la historia de Estados Unidos con más de 74 millones de votos. Ha superado la marca de Obama en 2008 con 69,4 millones. Una enorme base de votantes, muchos de los cuales, dadas las características plebiscitarias de estas elecciones, más que por él, han votado «contra Trump».

Pero Trump tiene otro récord. Con casi 70 millones de votantes -siete millones más que los 63 millones de 2016- es el segundo candidato más votado de los anales electorales estadounidenses. No es que haya revalidado su apoyo, es que lo ha fortalecido y galvanizado, transformándolo en una fuerza política y social de primera magnitud.

Durante cuatro años, nos han hablado hasta la saciedad de Donald Trump como un personaje, una figura histriónica, grosera y prepotente. Nos han dicho que las decisiones del principal centro de poder del planeta se tomaban en función de los impulsos irreflexivos, de los caprichos y ambiciones personales de un emperador adicto al tuit.

No por repetirla un millón de veces, esa visión de la política deja de ser completamente miope. Todos conocemos las peculiaridades del personaje, del megalómano Trump, su pirotecnia verbal, su incorrección política y su alma más que reaccionaria. Pero ningún dirigente, y menos el presidente de la nación más poderosa del mundo, se sienta en el despacho oval como recién salido del manicomio.

No son los individuos, no son los personajes. Son las clases. Un presidente norteamericano, sea Trump o sea Biden, sea demócrata o republicano, halcón o paloma, ha sido aupado a ese puesto porque es un representante de una parte de la clase dominante norteamericana, de la auténtica oligarquía financiera que posee las grandes concentraciones de capital, los bancos y las corporaciones monopolistas. Su política defiende la del sector hegemónico de la clase dominante yanqui que lo aupó a la Casa Blanca y cuya línea representa.

Dos fracciones de clase, dos líneas

En el seno de la burguesía monopolista norteamericana existen dos grandes fracciones enfrentadas en una lucha cada vez más antagónica, dos fracciones de la misma clase unidas por el objetivo fundamental de mantener la hegemonía norteamericana, pero que defienden dos programas diferentes. Dos líneas sobre cómo gestionar el ocaso del poder de la única superpotencia realmente existente, de cómo contener el ascenso de potencias rivales y frenar su propio ocaso. Dos fracciones que tienden a alinearse en torno a demócratas y republicanos.

Trump ha sido respaldado y sostenido por la misma fracción de la clase dominante estadounidense que aupó a la presidencia a G. W. Bush, es decir, los sectores nucleados en torno al complejo militar-industrial norteamericano, la mayor concentración de capital del planeta.

Bajo el mandato de Trump, EEUU ha fortalecido su brazo militar, con un aumento de los gastos del Pentágono, que han alcanzado la astronómica cifra de los 740.500 millones al año en 2020, un 123% del máximo presupuestado por Obama. Esto significa una auténtica lluvia de millones en la cuenta de beneficios de los grandes contratistas del Pentágono, compañías como Boeing, General Motors, Lockheed Martin, Raytheon, etc. También la industria extractiva (minería), especialmente la del petróleo, se ha beneficiado con la facilidad de acceso a las materias primas en el Tercer Mundo a la vez que Trump ha derogado todo tipo de limitaciones medioambientales. Y durante buena parte de su mandato, Trump se ha ganado el respaldo y el beneplácito especialmente de los grandes bancos de Wall Street, nódulo principal del poder financiero, gracias a que les ha hecho ganar mucho, mucho dinero.