Hay gente que vale mucho y no tiene suerte. También hay gente con suerte que no vale para lo que se le encomienda. Para tener fortuna en la vida se debe, en principio, trabajar duro y fuerte, pero siempre sabiendo que no hay una garantía total de éxito. La fortuna, el éxito y la suerte con conceptos que los podemos encontrar en ejemplos variados, aunque quiero detenerme en algunos casos ocurridos esta semana.

Sin duda alguna el objetivo más urgente de cara al futuro a corto plazo pasa por sacar esa vacuna que nos libere de esta mortal pandemia que sigue dejándonos unas cifras terribles de contagiados y de muertos. Hablaremos de éxito cuando podamos volver a normalizar nuestras vidas como ocurría antes del COVID-19, pero seamos conscientes de que queda mucho tiempo. Hubo una cierta euforia cuando el presidente y consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla, dijo el pasado lunes que «hoy es un gran día para la ciencia y la humanidad» al informar que esta farmacéutica podía fabricar una vacuna con muy alta eficacia contra el coronavirus.

Lo lamentable fue saber horas después de que el anuncio no trataba tanto de celebrar un éxito para la humanidad, sino más bien para las cuentas corrientes de la persona que hablaba. Casualmente, según se ha explicado, se trataba de una operación prevista. Por tanto tuvo suerte esta persona, hasta tal punto que aumentó su fortuna en 4,76 millones de euros al vender, con mucho éxito, el 60% de sus acciones en la compañía. En fin, al margen de este suceso, celebremos que pueda hablarse ya de empezar a acabar con esta pandemia. Confiemos en que habrá suerte y que habrá éxito en todo el proceso, ya que no solamente hablamos de aplicar dosis a la población, sino también de lo importante que será contar con la logística y la infraestructura necesaria para la correcta conservación de la vacuna (exige que esté almacenada a menos ochenta grados).

Una de las acusaciones que se ha realizado contra Pfizer es que el anuncio se hiciera público una vez conocido el ganador de las elecciones de Estados Unidos. Trump se atrinchera en la Casa Blanca a golpe de tweets que hablan de un fraude electoral sin aportar pruebas, pero gracias a su fortuna podrá disponer de 8.500 abogados que intentarán defender sus tesis ante los tribunales (no reconoce su derrota). Sin que existan precedentes, los medios de comunicación se ven en la obligación de contar sus comparecencias y de avisar a la ciudadanía de que ese señor miente. Creo que podemos decir que el ganador, Joe Biden, no es que haya tenido suerte en ganar a un mentiroso, sino que era el menos malo de los dos. Comparto en que no hay color entre uno y otro, y sin querer tirar cohetes celebro el éxito que es para todo el mundo (no solamente para los norteamericanos) que vuelvan los demócratas a gobernar Estados Unidos.

Hablar de Juan Carlos I hasta hace unos años se reducía a calificar de éxito su papel como jefe del Estado. Nadie le tosía ni le criticaba en voz alta. Los españoles teníamos una gran suerte por tener un rey tan campechano y la palabra fortuna le identificaba un yate, no con dinero contante y sonante. Lástima para él que un mal día en Botsuana lo dinamitó todo. Hoy sabemos que la justicia española investiga al Rey Emérito en tres causas (diligencias sobre las supuestas comisiones en el AVE a La Meca, el supuesto uso de fondos no declarados a Hacienda provenientes de un empresario mexicano y un presunto blanqueo de capitales).

La única suerte que tiene, que no es poca cosa, es que le protege la inviolabilidad que consagra la Constitución. Eso sí, la imagen de ejemplaridad que pregonaba se fue al garete, aunque me queda la duda de cómo consiguió esos amigos, porque con todos ellos tuvo mucha suerte a juzgar por los regalos que recibía y que han elevado su fortuna a unas cifras que son un verdadero escándalo.

En fin, de esta crisis sanitaria nos prometimos que saldríamos mejores, así que a ver si es cierto. Quiero creer que hay más buenas personas de éxito, con suerte y con la fortuna de cumplir con sus proyectos y con todos sus deseos, que gente que no merece ninguna de las tres.

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Fortuna, éxito y suerte