Decisiones políticas en tiempos críticos

Decisiones políticas en tiempos críticos
Decisiones políticas en tiempos críticos

El historiador e hispanista francés, Joseph Pérez, hijo de emigrantes españoles y exiliados, fallecido en octubre último, escribió un excepcional libro Historia de España, editado en 1999 por Crítica (Grijalbo Mondadori). En el prólogo a ese texto, escrito por el mismo autor en 1998, consta lo siguiente: «En todas las naciones, existe diversidad de pareceres sobre la manera de organizar la sociedad; sólo en circunstancias excepcionales llega esta diversidad a provocar tensiones violentas y dramáticas»

En un anterior artículo aquí publicado, titulado El confinamiento, ya se citó a Joseph Pérez, que, en uno de los textos del libro Historia, Literatura, Sociedad, escribió: «Toda sociedad supone una cohesión interna en torno a un determinado sistema de valores comunes». Una cohesión muy difícil ahora de conseguir por la existencia de una profunda crisis ?nunca vista igual- en el sistema de la representación política (el desierto crece y crece), que afecta a todas las democracias, incluso a las de más prestigio, no figurando la española entre ellas. El resultado es el des-engaño y la des-ilusión de la Política. 

Se culpa, con razón, de la crisis de los regímenes democráticos y de las democracias liberales, al fenómeno, que es global y local, de la corrupción fundamentalmente, extendida por doquier y en todos los ámbitos, de lo público a lo privado. Los centros de poder y del Poder parecen estar colonizados por gigantescos nidos, como de avispas asiáticas que todo lo engullen y embuchan. Ante eso, lo de la corrupción política y la financiación criminal de lo político (financiación de los partidos políticos), no hay diferencias entre la derecha y la izquierda políticas. La llamada superioridad moral de la izquierda es una estupidez o un pretexto para lo inconfesable. No estamos ya en tiempos de creencias ni en edades de inocencia: es cosa, simplemente, de esperar para ver. Y si la derecha, por corrupción, fue desalojada del poder por la izquierda, a ésta, también por corrupción, la desalojará más tarde la derecha. 

La corrupción siempre empieza muy poco a poco, con un simple «colocar» a «dedazo» a amigos y a amigas. Lo inevitable, a lo que se llegará, la denominada «financiación criminal del Poder», hace que la Política se convierta en un espectáculo de guiñol y que causen risa hasta el palabrerío engolado de las «exposiciones de motivos» de los textos legislativos. En ese contexto ocurre eso que, con delicadeza y elegancia, se ha escrito recientemente en un periódico: «La selección de los dirigentes políticos ofrece resultados muy pobres».

Primero las preguntas: 

Es importante determinar, en primer lugar, si la sociedad española tiene, ahora mismo, una necesaria cohesión interna en torno a un sistema de valores comunes, como indicara Joseph Pérez, y ello que permita que el Poder político ejerciente, ahora una mayoría parlamentaria con predominio de la extrema izquierda, adopte, legítimamente, decisiones de «calado político» y/o trascendentes, con peso de futuro y mutaciones institucionales. A la crisis referida más arriba, habrá que añadir, en el caso de España, la Guerra Civil española, que fue y sigue siendo una realidad cruel, muy cruel, y también un fantasma o sueño de espantos, que atenazaron y asustaron a los españoles, haciendo patológica la convivencia en España. Trastornos por aquella Guerra siguen en las mentes y en comportamientos de muchos, algunos, pocos hoy y acaso muchos mañana, con nostalgias de héroes.

Habrá que preguntarse, en segundo lugar, si la excepcionalidad del momento presente, a la que ha de añadirse la lucha esforzada contra la desbocada pandemia con miles de fallecidos, que hasta precisa el recurso a los llamados «estados de alarma», con freno de la normalidad constitucional, deja margen o permite adoptar también decisiones trascendentes o de «calado político». Los tiempos de caos y/o caóticos son los más propicios para que reaparezcan los héroes, incluso elegidos vía sufragio popular como Hitler. 

Después las respuestas: 

Los conservadores que durante tantas y tantas décadas han gobernando en solitario España, en los años de la Postguerra y de la Transición, darán la negativa por respuesta. La excepcionalidad, derivada de la falta de un consenso social y político, sumado a la situación de anormalidad constitucional por la pandemia debería obligar ?eso piensan los conservadores- a que la gestión de la política se limitase a lo mínimo u ordinario. Y rechazan, naturalmente, que puedan formar parte de la mayoría  parlamentaria los que declaran ser enemigos de España.  Son, es verdad, rechazables las acrobacias y valentías temerarias del poder político, con saltos o trampolines de riesgo o mortales con mucho daño a la ya escasa legalidad y legitimidad. Están ya atrofiados por vejez los llamados fundamentos o legitimaciones del Poder señalados hace un siglo por Max Weber.   

Se recuerda, por ejemplo, que el Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declaró el Estado de Alarma, conteniendo envenenadas delegaciones de competencias en las autoridades regionales, (lo que se llamó co/gobernanza o un nuevo Reino de Taifas) fue un invento, una ingeniosidad de contratados en La Moncloa o un atrevimiento forzando la Constitución, con resultado de un Estado de Alarma casi-federal y/o a la carta, y ello para satisfacer, la necesidad hecha virtud, a unos socios políticos a los que se califica de extorsionadores dentro de un «Estado moribundo». 

Es normal que los actuales gobernantes y sus socios, con sus apoyos parlamentarios, ejerzan el Poder para hacer lo que siempre quisieron hacer y que durante tantos años no les dejaron, recordando que según Bobbio la regla básica del juego de la democracia es la regla de la mayoría.  El Poder se «agarra» para ejercerlo y sin contemplaciones o sutilezas. Es natural que socialistas, comunistas y nacionalistas quieran ahora aprovechar las circunstancias y las ventajas del Poder, del que durante tanto tiempo estuvieron forzosamente alejados. El atolondramiento sufrido por políticos y grupos de presión que, en su momento, no vieron lo que se avecinaba es apoteósico: vieron el barullo «revolucionario» del 15 M y de los Indignados, y miraron a otro lado. 

Habrá de tenerse en cuenta que la actual izquierda gobernante nada tiene que ver con aquella izquierda, también gobernante, la de Felipe González que aprobó la LOAPA (Ley Orgánica 12/1983 de Armonización del Proceso Autonómico), muy próxima en el tiempo a la Ley Orgánica 4/ 1981 de declaración de los estados de alarma, excepción y de sitio, obra de la UCD. ¡Cómo la Ley de 1981 iba a tener un diseño descentralizado del Estado de Alarma, hecha en plena vorágine contraria a las autonomías, que culminaría poco después en la LOAPA socialista, declarada anticonstitucional por el Tribunal Constitucional!

Es llamativo el pataleo constante de la derecha política ante decisiones políticas de la izquierda gobernante, pidiendo que la Unión Europea y el llamado Comité de Venecia del Consejo de Europa intervengan por lo que se consideran actos de atropello y despotismo, bien ante supuestas irregularidades en relación al Estado de Alarma o ante la reforma del Consejo General del Poder Judicial, bien por la Orden PCM 1030/2020, de actuación contra la desinformación. Merece animación todo lo que contribuya a la vigilancia sobre la actuación jurídica del Poder político español, pero habrá que preguntarse si es que el Derecho interno es inútil o no tiene suficientes mecanismos de defensa frente a las arbitrariedades del Poder. Es cierto que el Tribunal Constitucional español deja mucho que desear

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