Dominic y su caja de cartón


Nadie domina la puesta en escena como los británicos. Se ve en la apertura de una sesión del Parlamento y en la actuación de un artista callejero en Covent Garden. Ahí está la salida de Dominic Cummings de Downing Street, con su caja de cartón, como si acabaran de aplicarle un ERE. El asesor sigue vendiendo su imagen de outsider. En más de un sentido puede que lo sea. Pero al final le fascina lo que a tantos otros: mandar. Desde luego, se le dan mejor las sombras que las luces. Había anunciado que se iría en un año, al final del 2020, pero abandona el barco un poco antes. Prometió cambiar las entrañas del Gobierno, incorporar a jóvenes expertos en datos para ir por delante, para adelantarse a las inquietudes más turbias de los ciudadanos, como hizo con la campaña del brexit. Cummings trabaja, en sus propias palabras, la ciencia de la predicción. Pero llegó la pandemia para bajarnos los humos a todos, hasta a los genios del algoritmo. Ese detalle no venía en sus apuntes. Y, aunque supuestamente a estas alturas en el Reino Unido ya lloverían libras gracias a su ruptura con la UE, la cruda realidad es que la respuesta de Boris Johnson y su Gobierno a la crisis sanitaria ha sido incluso peor que la de muchos de sus antiguos socios, invitando a la población a que se dejara morir para rectificar después y viendo cómo Cummings se saltaba el confinamiento. Al gran asesor tampoco le ayudó enfrentarse a Carrie Symonds, la prometida de Johnson (ni que hiciera falta Cambridge Analytica para saber que es mejor no molestar a la primera dama). Su legado es un hartazgo de navajazos y malos modos. El pecado de los susurradores de políticos es creerse invencibles. No hay que perder de vista a este. Talento, ego y frustración. Peligro. Habrá que vigilar sus pasos.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Dominic y su caja de cartón