América profunda


La política me interesa poco. Me parece necesaria, pero superficial. Me interesa lo que hay debajo de esa superficie, las cosas que explican el por qué la gente piensa como piensa, aunque todos creamos que decidimos en conciencia. Hasta se podría decir que existe una geología de la política, que yo busco siempre en los mapas electorales. Lo he hecho también estos días con las elecciones norteamericanas, y siempre encuentro cosas que me interesan.

Mirando el mapa, lo primero que salta a la vista es que es el tamaño de una ciudad lo que mejor predice la ideología de sus habitantes (cuanto más grande, más votantes demócratas). Pero hay más. En Florida las autopistas determinan en parte el voto: la interestatal 95, que llega desde el Atlántico, ha hecho que los jubilados de Nueva Inglaterra y Nueva York, generalmente demócratas, se hayan ido instalando en la costa este (Miami, Palm Beach), mientras que la interestatal 75, que enlaza con las carreteras que vienen del Golfo de México, ha llenado la costa oeste de jubilados de las republicanas Texas, Oklahoma o Luisiana. El centro del estado también es republicano, quizás porque está formado por materiales kársticos que dan lugar a tierras muy secas. El hecho es que el regadío predice mayoría republicanas. Sucede ahí y también en los condados centrales de California, por ejemplo.

En los «estados cuadrados» del Medio Oeste el agua también predice el voto, aunque de otra manera. Me llamaron la atención en las Dakotas unas manchas azules (demócratas) en medio del «mar rojo» (republicanos), y comprobé que se trataba de los condados de Sioux, Dewey, Ziebach… Todos ellos contienen antiguas reservas indias donde la población está todavía formada mayoritariamente por nativos americanos que tienden a votar demócrata. Pero la propia localización de esas reservas no fue un azar. Es donde estaban los fuertes de la caballería (la capital de Sioux County se llama todavía Fort Yates). Y los fuertes estaban ahí porque es donde se encontraron aguas subterráneas, con lo que el mapa político del Medio Oeste lo podría deducir un zahorí.

También la región de los Grandes Lagos (Michigan, Indiana, Ohio) ha sido tradicionalmente demócrata a causa de lo que ocurrió allí en tiempos remotos: los depósitos de hierro de hace 2.000 millones de años, el carbón que se formó hace 300 millones de años y el agua derretida de la Glaciación, que dio lugar a los Grandes Lagos, fueron los que permitieron que se convirtiese en una región industrial, y por tanto de izquierda. Ahora esto ha cambiado, pero también a causa de otro hecho geológico: el descubrimiento de los yacimientos de hierro y carbón en China en los años cincuenta, que abarató los precios y provocó la decadencia de la industria de esta parte del país, donde ahora se tiende a votar a quien promete aranceles proteccionistas.

En todas las elecciones norteamericanas, en fin, siempre busco el arco azul que contrasta con el rojo de Georgia y los estados contiguos. Y siempre está ahí. Esa banda que señala los condados demócratas es el cinturón de tierras cretácicas. Estos eran los únicos terrenos lo suficientemente productivos como para sostener el cultivo del algodón a gran escala. En consecuencia, fue allí donde se establecieron las grandes haciendas en tiempos de la esclavitud; y por eso es donde se concentra la población de raza negra, que vota abrumadoramente a los demócratas. Visto en el plano es como una herida que no cicatriza.

Y así sucesivamente. Miro el mapa y, más allá de las pasiones inmediatas de la política, intuyo fuerzas que las determinan, oscuras, profundas, ecos lejanos que, si se aguza el oído, se puede entender lo que dicen.

Por Miguel-Anxo Murado Escritor y periodista

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