El brujito de Gulubú

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De repente llegó el doctor, manejando un cuatrimotor, y ¿saben lo que pasó? Que todas las brujerías del brujito de Gulubú, se curaron con la vacú, con la vacuna, cunacuna, cú». Así se arrancaba allá por los sesenta el inefable Luis Aguilé, cuando tentaba ganar la canción del verano con su tema El brujito de Gulubú. Fue la melodía que me vino a la cabeza nada más oír la noticia de la inminente llegada de una vacuna que nos puede librar del maldito covid.

La canción del Brujito de Gulubú es de ritmo alegre e inocente, apto para bailar con una pareja salsera o con niños marchosos; mientras que el brujito del covid suena a Réquiem de Mozart y se baila quieto, frontal y adosado al marco con una mascarilla. No obstante, siendo las letras de ambas melodías muy distintas, guardan las mismas claves. El quid del asunto está en saberlas interpretar bien. ¿Quién es el doctor? ¿Por qué tiene un cuatrimotor? ¿De dónde ha sacado la vacuna, cunacuna, cú? ¿Quién, cuánto y cómo le pagó para deshacer tan cruel hechizo?

Y, por otro lado, ¿quién se esconde tras el brujito de Gulubú? ¿Quién es en realidad? ¿Dónde aprendió tan poderosa magia negra?

Complete el sudoku: coloque las siguientes palabras en el párrafo anterior respondiendo a esas preguntas: China, multinacionales farmacéuticas, EE.UU., Rusia. Y si acierta, váyase a tomar un vino ahora que nos van a dejar salir al recreo un rato.

Si falla, vuelva a intentarlo, porque las variables son las mismas, solo que las ha colocado erróneamente en función de su deseo o de su confianza en el doctor que maneja el cuatrimotor.

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