La gran rectificación de Sánchez


Pido disculpas si resulto pesado con el acuerdo-no acuerdo del Gobierno y el partido Bildu, pero está resultando ser la auténtica prueba del algodón de la actual clase gobernante. Recordemos brevísimamente, don Pablo Iglesias, vicepresidente segundo, anunció la incorporación de este partido al bloque de legislatura una vez reforzado el bloque de investidura y con esta ambición: formar parte de la dirección del Estado. Resultó un escándalo por las intenciones: con cinco diputados, los antecedentes de Bildu y sus intenciones actuales, integrarlo en la dirección del Estado atentaba contra cualquier principio no ya democrático, sino ético. Lo confirmó al día siguiente un diputado de Bildu en el Parlamento vasco: venían a Madrid «a tumbar definitivamente el régimen». El acuerdo-no acuerdo se hizo también para los presupuestos de Navarra. Varios dirigentes regionales socialistas pusieron el grito en el cielo, indignados por la supuesta humillación de Sánchez ante las veleidades del señor Iglesias.

Grande debió ser el pánico que entró en la Moncloa por las repercusiones sociales del escándalo porque, después de un silencio clamoroso del señor Sánchez que solo confirmaba la alianza con Bildu, el lunes se decidió cambiar el argumentario en la reunión de la ejecutiva federal. Al ministro señor Ábalos le encomendaron la ingrata misión de desmentirse a sí mismo, negar que hubiese algún pacto y transmitir a los dirigentes regionales el recado presidencial de que habían sido desleales al criticar o simplemente dudar de su secretario general.

Esos son los hechos, todos ellos publicados. Ahora, la reflexión: es la segunda vez que el Gobierno tiene que negar o deshacer un pacto alcanzado con Bildu. El primero, como se recordará, fue aquel vergonzante cambio del apoyo al estado de alarma por el compromiso de derogar la reforma laboral. Si ese acuerdo se deshizo fue por la intervención de Nadia Calviño, que tronó ante semejante despropósito. Quiere decirse que, por muchos desmentidos que se hagan, los contactos con los diputados de Bildu son habituales, y el PSOE es incapaz de decirles no al precio que ponen por su apoyo. Podemos y Pablo Iglesias personalmente tratan de incluir a Bildu como fuerza determinante en el mapa político, aunque solo sea para espantar a un partido de centro como Ciudadanos.

Menos mal que el señor Sánchez, cuyo instinto de supervivencia sigue intacto, tiene sensores que captan la irritación popular que causan esos pasos. A ver si de una vez aprende que no se juega ni con los sentimientos, ni con los valores nacionales, ni con los principios básicos que nos hemos dado a través de la Constitución. Muchos estaríamos encantados de que hubiera pactos con Bildu, pero para fines razonables. No para que suban al púlpito a repetir que vienen a romper España o a echar abajo el régimen de la Constitución.

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