Hay cosas que son difíciles de entender pero sin embargo ocurren, aunque lo normal sería que no sucedieran. El mundo al revés, que se dice. Lo triste es que son situaciones más o menos cotidianas que te dejan mal, te enfadan y te frustran.

Desde hace tiempo, y sobre todo en los últimos doce años, la banca ha tenido que reorganizar su negocio con el fin de cumplir su cometido, que no es otro que seguir ganando dinero. El problema está en que duele pensar que ese objetivo se base en dos factores principales: exprimir al cliente a comisiones, despedir a trabajadores y cerrar sucursales (en poblaciones más pequeñas cumplían una función elemental).

Tal y como sucedió tras la caída de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008, que supuso la desaparición de las cajas de ahorro y la unión de grandes bancos, vuelven las fusiones. Se esperan curvas para los próximos meses, porque 8.000 personas entre Caixabank y Bankia; y 5.000 entre el BBVA y Sabadell dejarán de trabajar en las nuevas entidades resultantes. El Santander, que ya se desprendió en el pasado de 4.000 empleados tras absorber el Popular, ha anunciado que negociará con los sindicatos un nuevo ERE.

Falta saber si en Liberbank, cuando se una con Unicaja, seguirá la senda de los demás. En resumen: desde 2008 hasta hoy se han liquidado 130.000 empleos. ¿Tiene sentido que todos estos bancos se deshagan de tanta gente? A mí lo que me da a pensar es que si no son capaces de mantener sus plantillas cuando al fin al cabo son los que tienen mucho dinero contante y sonante, ¿quién va a poder hacerlo? ¿En qué podremos trabajar? ¿De qué podremos vivir?

La ley Wert y los presupuestos de Montoro han pasado a formar parte de la historia, pero lo que no ha finalizado ni mucho menos es el debate político. La nueva ley Celáa pasará a debatirse en el Senado y las cuentas de Montero deberán adaptar enmiendas parciales de los diferentes grupos. Eso sí, hay una excepción. Vox ha considerado que le será más útil mostrar vídeos en redes sociales con los que «desenmascarar», a su juicio, a ponerse a proponer cambios a la ley más importante que debe aprobarse cada año (aunque llevamos desde 2018 con prórrogas) y donde un gobierno muestra sus intenciones y promesas.

Pero mirándolo desde la perspectiva del ciudadano raso, ¿es más efectivo lograr un retuit que a reflejar en un documento tus propuestas que son más difíciles de digerir por el común de los mortales? Igual la esencia de la política ha dejado de ser aquel foro para la oratoria y la confrontación de diferentes ideas y lo importante es enviar mensajes que den titulares y mensajes en 240 caracteres con lo que endulzar el oído de quien lo escucha.

Ahí es donde creo que se sitúa Unidas Podemos al unirse a ERC y Bildu para que se paralicen los desahucios. Nadie discute que es una de sus principales banderas políticas y es un drama social que haya gente sin casa. La discusión no es esa. No es tanto el fondo como las formas, porque en un gobierno de coalición es lógico que los presupuestos sean de ambos partidos y, si hay que hacer enmiendas parciales, el acuerdo debe ser de los dos (y hay varios ejemplos, como una enmienda que permitirá ampliar hasta los cuarenta millones de euros los fondos del Pacto de Estado para la lucha contra la violencia de género destinados a los ayuntamientos).

No compartiría que el PSOE pusiera contra las cuerdas a Yolanda Díaz en un asunto como la reforma laboral, que sigue en vigor y soy consciente que no lo es ni por deseo de la ministra ni por ninguno de los dos partidos del Gobierno nacional. Puedo entender que un partido y otro tengan que buscar sus diferencias y contentar a su electorado, y más si hay unas elecciones próximas como es el caso del 14 de febrero en Cataluña, pero la deslealtad y la falta de patriotismo de la derecha (sobre todo del PP, que es el principal partido de la oposición) debe unir más si cabe a la izquierda.

No creo que haya que llegar al extremo que opina Andoni Ortuzar, presidente del PNV, de que Pedro Sánchez debería dar un golpe sobre la mesa, pero sí que creo que si la agenda política del partido de Pablo Iglesias sigue sin marcar los ritmos se verán necesitados de provocar estos episodios. No obstante, ojalá sea una excepción y no que algo a repetir porque sería hacer las cosas al revés.

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Hacerlo al revés