La enseñanza, la pandemia y las leyes

OPINIÓN

24 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno de los escasos efectos positivos de la epidemia que padecemos es que la sociedad parece haber reconocido de manera unánime la importancia de las mujeres y los hombres que se dedican a la enseñanza, esperemos que no se disipe con las vacunas.

Las elucubraciones sobre la posibilidad o incluso utilidad de sustituir a los profesores por máquinas son relativamente antiguas, pero conocieron un notable impulso con la difusión de los ordenadores personales e Internet. La primera vez que escuché tal cosa fue en 1981, en un cursillo para formar a los profesores de la Universidad Popular de Gijón, a punto de abrir sus puertas. Un catedrático de pedagogía de una universidad barcelonesa sostenía que la televisión y los vídeos permitían desarrollar la enseñanza sin la presencia física del docente ni la necesidad de aulas.

Comenzó entonces mi desconfianza hacia los expertos en pedagogía que jamás habían enseñado ninguna materia salvo sus disquisiciones sobre cómo debían hacerlo los demás. Internet y la informática dieron impulso a esas tesis y añadieron la creencia de que adquirir conocimientos se había convertido en tarea inútil cuando era tan fácil preguntarle a Google. Recuerdo a un presidente de autonomía, maestro de profesión, entre sus más entusiastas defensores.