Gobierno de colisión para largo


Más allá del ruido, la clave del actual escenario político es que todo apunta a que, con la aprobación de los Presupuestos, la legislatura va para largo y habrá Gobierno de coalición, en ciertos aspectos de colisión, quizá durante otros tres años. En este escenario, las piezas del ajedrez político se mueven con el objetivo de fijar posición en el tablero. Iglesias asoma la cabeza para no ser engullido y tratar de librarse de la maldición politológica que dice que el socio minoritario de una coalición siempre sale perdiendo, marcando perfil propio en temas como los desahucios, la inmigración o el Sáhara, aunque irrite a Marruecos. Casado lanza una ofensiva ideológica con dos temas fuertes, el pacto con Bildu y la ley Celaá, reeditando las manifestaciones contra Zapatero, y viaja a Arguineguín para responsabilizar a Sánchez (Sánchez tiene la culpa de todo) del colapso migratorio de Canarias. El PNV, que siempre gana cuando se trata de las cuentas públicas, gobierne la derecha o la izquierda, se apunta el tanto de la supresión del impuesto al diésel. ERC, viento en popa en las encuestas electorales, escenifica sus discrepancias con el Gobierno, pero nadie duda que aprobará los Presupuestos. Arrimadas se va quedando sin espacio para apoyarlos. Vox juega a lo suyo, radicalidad y no a todo, excepto a seguir respaldando a los gobiernos de PP y Cs en comunidades y ayuntamientos. La supuesta ruptura de Casado con la ultraderecha se ha quedado en fuegos de artificio. A primera vista, parecería que Iglesias lleva la batuta y Sánchez se aviene, pero cada día que pasa tiene más cerca seguir tres años más al frente de un Gobierno de colisión, pero que ninguno de los dos socios tiene la mínima intención de romper.

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