Qué suerte tiene Pedro Sánchez con sus aliados! Le quitan la tostada cuando se la está llevando a la boca. Ocurrió al menos en tres casos en poco más de 24 horas. La primera, cuando el PNV anunció que había conseguido la entrega del cuartel de Loyola de San Sebastián y después informaciones oficiosas contaron que el gobierno ya lo pensaba antes de negociar los Presupuestos. La segunda, cuando el mismo Gobierno se sintió traicionado por Podemos por la enmienda con Bildu y Esquerra para prohibir los desahucios. El Ejecutivo consiguió sacarla de los Presupuestos y llevarla a un decreto-ley y ayer mismo Pablo Iglesias se presentó ante la opinión con el trofeo de ese decreto, como hecho por él. Y el tercero, con la armonización fiscal autonómica. Como se sabe, Gabriel Rufián lo presentó como su contrapartida al sí a los Presupuestos, y el Gobierno tuvo que salir a anunciar que eso ya estaba en los proyectos de Hacienda. Fantástico todo. O el Ejecutivo está lleno de pardillos que no huelen las jugadas de sus socios, o poblado de mentes infantiles que reaccionan por pura vergüenza, o rodeado de oportunistas con pocos escrúpulos. Pueden ser las tres cosas.
El caso es que en ese ceremonial asomó otro debate grande y sensible: el de los impuestos regionales. Hasta ahora se había planteado ese asunto como una parte sustancial del autogobierno. La capacidad normativa de las regiones en materia fiscal fue una reivindicación inicial del régimen autonómico. Y así se empezó cediendo el 15 % del IRPF por exigencia de Pujol. Se subió hasta el 50 %. Se creó un tramo autonómico del mismo impuesto. Se dejó libertad para los demás tributos. Se produjeron injusticias territoriales: la mayor, en el impuesto de sucesiones, suprimido en unas regiones y confiscatorio en otras. Y la rica Comunidad de Madrid se permitió el lujo de rebajarlos todos y suprimir alguno, con lo cual se convirtió en foco de atracción de capitales, personas, empresas y… algunos aprovechados.
Como una de las víctimas de la fuga de capitales es Cataluña, donde pagan los impuestos más altos de España, el populismo de Rufián convirtió la armonización en una cruzada contra el «paraíso fiscal» de Madrid. Y topó con una crecida Isabel Díaz Ayuso, que se alzó insurrecta contra quien se atreva a meter la mano en los bolsillos de «sus» contribuyentes. Es la anécdota que dará mucho que hablar durante meses. Lo sustancial —y creo que es por donde debía ir la discusión— es: ¿Madrid crece porque baja impuestos y Cataluña se empobrece porque los sube? ¿Madrid recauda mucho porque deja más dinero en el bolsillo del ciudadano?
Creo que ese es el debate. Pero no se abrirá en serio por un motivo inconfesable: eso de que bajando impuestos se recauda más y se vive mejor no entra en la cabeza de quienes ahora tienen la sartén por el mango. Y el mango también.
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