La educación en el enredo nacional

OPINIÓN

La ministra de Educación, Isabel Celaá, en su escaño del Congreso
La ministra de Educación, Isabel Celaá, en su escaño del Congreso Mariscal | EFE

28 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La Iglesia y la derecha no están exigiendo enseñanza concertada, que la ley Celaá mantiene sin ambigüedad. Wert dejó una ley que se lo daba todo a la Iglesia. Eso es lo que están exigiendo derecha e Iglesia. Exigen lo que les había dado Wert: todo. No se llega al meollo de la educación porque el análisis de la ley Celaá se agota en el estruendo político que atruena en la periferia. Demos unas pinceladas rápidas.

SEGREGACIÓN SOCIAL. Toda segregación consiste en dejar a gente en el camino. Nunca se separa a grupos humanos para llevarlos al mismo sitio. La segregación en el sistema educativo es injusta, ineficiente y peligrosa. Es injusta porque siempre es social. A veces se disfraza de académica, pero siempre es social. Es una injusticia inadmisible pagar con dinero público un sistema que concentre en centros y aulas diferenciadas a los alumnos por clases sociales.

El relator de la ONU describió con dureza el caso de España. El ideológico informe PISA no lo tiene en cuenta en sus puntuaciones, pero anotó lo mismo que el relator. La segregación hace que la suerte esté echada por el barrio en que se vive, la familia que se tiene y el nivel económico con el que se crece, y eso ocurre ahora con más virulencia que en el tardofranquismo. La segregación es ineficiente porque desperdicia el potencial de la población sin ganancia a cambio. Los estudiantes de alto rendimiento no se retrasan porque tengan en el aula a compañeros con más dificultades. Y es peligrosa porque crea guetos, desagregación social y dificulta la integración de población inmigrante.