Vacunar, pero mejor sin pelotazos

Francisco Martelo EN LÍNEA

OPINIÓN

Servicio Ilustrado (Automático)

03 dic 2020 . Actualizado a las 09:08 h.

El cometido de mayor trascendencia en la actual pandemia, incluso por delante del coronavirus, lo jugamos los individuos. Todos somos objetivo del protagonista invasor. Encarnamos el papel de objetivo y medio de cultivo, es decir, diana y campo de batalla, en una guerra que produce un escalofriante número de bajas humanas directas, y conlleva la destrucción de la actividad laboral, que, si se prolonga, conduce al caos económico y convoca al hambre, que fue la responsable de la mayoría de las muertes durante la gripe española del año 1918.

La situación actual podríamos enmarcarla en un abanico de posibilidades que va desde los que esperan resignados la infección a los que, en el otro extremo, buscan la liberación a través de la fiesta permanente, porque se sienten invulnerables o porque tienen interiorizado que deben comportarse como si no hubiese un mañana.

La posible salida de este estado de calamidad se ha centrado en la ciencia, por lo que ha sido una maravilla la noticia de la vacuna de Pfizer y BioNTech, la primera que ha aportado un resultado excelente tras el estudio clínico realizado, en el que la mitad de los solidarios participantes recibieron dos dosis de la vacuna con tres semanas de diferencia y la otra mitad recibió un placebo. En el protocolo de ensayo se había determinado llegar a los 94 casos positivos de covid-19 entre los voluntarios sometidos al ensayo, por considerar que este número puede proporcionar la evidencia adecuada para valorar la eficacia de la vacuna, que finalmente se estimó en un 90 %. Si los 94 casos positivos hubiesen estado en el grupo de placebo, la vacuna se consideraría un 100 % efectiva.

Tras el anuncio, la efervescencia de los políticos contrasta con la ecuanimidad de los hombres de ciencia que, asumiendo que en el mundo desarrollado la complicada cadena de frío necesaria para evitar la biodegradación no será un problema, creen que sí será necesario más tiempo para conocer las diferentes respuestas individuales y disponer de distintas vacunas dependiendo de la edad, de las enfermedades concomitantes en cada individuo, del órgano diana prevalente y de la ignorancia del tiempo de la prevención que aportará la vacuna.

Los que se han situado al lado de los políticos han sido los eufóricos ejecutivos de Pfizer, consiguiendo ser los primeros y aprovechándose del pelotazo de la Bolsa. Es legal y merecido, pero quiero recordar a los padres de la inmunología moderna, premios Nobel del año 1984: el argentino César Milstein, que renunció a cualquier beneficio económico diciendo que el mérito no era suyo sino de la ciencia; y el alemán Georges Koehler, que compaginaba el laboratorio con el trabajo de taxista para ayudar a su familia. En tiempos aciagos es importante recordar la dimensión humana de personas que iluminan nuestro firmamento.