La encíclica del Papa Latino (II)

(Segunda parte)


Confieso haber disfrutado, hace años, al leer la Primera Parte de la encíclica Deus caritas est y, después, la Introducción de la encíclica Caritas in veritate, ambos documentos firmados por Benedicto XVI. Escribí siempre con gran admiración a «Mi bendito Benedicto»; más, al no padecer de «adoración papal», también formulé críticas. El fallo del Pontificado de Benedicto fue de comunicación, de la mala comunicación, estando muy de acuerdo con lo escrito hace años por el especialista Bernard Lecomte en el libro ¿Por qué el papa tiene mala prensa? Ese error, de antaño, no lo puede subsanar, ahora, Peter Seewald por muchos libros laudatorios que escriba, siendo el último el titulado Benedicto XVI.

Y hoy discrepancia, además del error indicado en la 1ª Parte de este artículo, existe con lo que se dice en el capítulo 64, titulado Deus Caritas est (página 864): «la globalización de la economía ha llevado al mundo, señala, a una situación difícil en la que la Iglesia debe ofrecer orientación social». La encíclica de 2005/2006 o Deus caritas est, redactada antes de la crisis de 2008, no menciona la globalización; la menciona, por el contrario, la de 2009 o Caritas in Veritate, si bien hay alguna cita sobre la globalización en un discurso de Juan Pablo II de 2001.

Se ha escrito (L´Osservatore Romano de 12 de julio de 2009) que Caritas in Veritate fue la respuesta pontificia a un momento de grave recesión económica originada, por una fuerte crisis financiera que estalló en 2008, y existiendo una crisis de valores morales. La encíclica del papa Francisco Fratelli tutti es la respuesta pontificia, inspirada en San Francisco de Asís, «santo del amor fraterno», para una fraternidad abierta y amistad social, en cuanto imperativos de Dios y del amor, y teniendo en cuenta lo ocurrido, desgraciadamente, en décadas posteriores a la gran crisis, iniciada en 2008.

Respuestas pontificias de la llamada Doctrina Social, que tienen en la caridad su vía maestra, su principio y fin; que es doctrina más que social, pues es también antropológica y teológica. En el número 181 de Fratelli tutti escribe el papa Francisco: «Todos los compromisos que brotan de la Doctrina Social de la Iglesia provienen de la caridad que, según enseña Jesús, es la síntesis de la ley». Una doctrina Social que tiene como primera exigencia por parte de la Iglesia que ella misma se aleje de la corrupción, tanto la cúpula romana como las locales o «peregrinantes», de la mobiliaria y de la inmobiliaria, tanto cuando intervienen eclesiásticos muy listos o muy idiotas, incluidos cardenales de Roma o de aquí. En ese caso, los textos sociales de los papas serán textos de «fantasía», como muy buen sabía otro argentino memorable, Borges, tan sabihondo de la Teología y de la literatura fantástica.

La esencialidad del enraizamiento de la Doctrina Social en caritas, caritas de Dios y de la verdad, determina que sea difícil decir que existan rupturas bruscas en tal Doctrina, existiendo más bien un continuum, pero sin descartar aquéllas. Si tenemos en cuenta que las encíclicas son respuestas de los pontífices romanos ante hechos que acaecen, a veces muy novedosos, es natural que exista una variación o mutación doctrinal, siendo importante, a esos efectos, la sensibilidad de cada papa ?el que el actual papa sea latinoamericano, el menos liberal, y no un liberal europeo es muy importante-. La Doctrina Social, se ha dicho, ni es estática ni inmutable.

Efectivamente, el lenguaje, con palabras y expresiones, de Fratelli titti, es significativo, del Cono Sur y no de Europa. Un papa tan europeo, como Ratzinger, jamás escribiría palabras o expresiones como las siguientes de Francisco en Fratelli: «descarte, manoseo, corajudo, cultura del encuentro, artesanos de paz, procura de amistad social, cultura de latinos, recetas inmediatistas de marketing, etc. Y son ilustrativas las denominaciones de los capítulos: (1) «Sombras de un mundo cerrado», (2) «Un extraño en el camino», (3) «Pensar y gestar un mundo abierto», y así hasta el capítulo 8º. Nada parecido pues a lo escrito por los papas europeos, que fueron todos, menos el actual.

El texto papal -Encíclica social-, al enunciar como objeto «la fraternidad y la amistad social», destaca la universalidad de sus destinatarios, pues quiere dialogar con todas las personas, pueblos y religiones, de «buena voluntad» (6, 8, 106 y 154), no sólo con los fieles del orbe católico (caso de la Quadragésimo anno de Pio XI). En Fratelli tutti, a diferencia de Caritas in Veritate, también dirigida ésta a todos los hombres de buena voluntad, no se escribe de la realidad del pecado original ni de la «naturaleza herida» del hombre por el pecado, destacándose un patológico motor económico muy determinante.

Los ocho capítulos de la Encíclica, precedidos de una especie de introducción (1 al 8) tratan: de una descripción sin contemplaciones de la

realidad (Cap. I), de la parábola del buen samaritano (Cap. II), del amor, las libertades y derechos y de la función social de la propiedad (Cap. III), de la fraternidad y los migrantes (Cap. IV), de la llamada la «mejor política» (muy importante Cap. V), sobre el diálogo y amistad social (Cap. VI), y dos capítulos finales, el VII sobre perdón, memoria, guerra y pena de muerte, y el VIII, último, sobre las religiones al servicio de la fraternidad.

En un texto, a veces farragoso y reiterativo como suelen ser, desgraciadamente, los textos vaticanos ¡No por escribir mucho se cree más en Dios! resulta curiosa la novedad e inusual referencia a obispados tan dispares como los del Congo, Argentina, Sudáfrica, Corea del Sur, Colombia, Croacia y Australia. Los temas que plantea Fratellui Tutti, en relación a la Doctrina Social de la Iglesia, son innumerables, incluida la amabilidad. No pudiendo tratar todos, examinaremos, teniendo en cuenta las anteriores encíclicas, los siguientes apartados: 1.- La globalización. 2.- Neoliberalismo y mercado. 3.- El amor político. Y terminaremos preguntándonos por la gratuidad y la subsidiariedad.

1.- La globalización:

A.- Según Benedicto XVI: En el número 42 de Caritas in Veritate (2009) Benedicto XVI escribe: «La globalización no es a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Debemos ser sus protagonistas, no las víctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad. Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea, preconcebida, que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos». Luego añade: «El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria…Es necesario corregir las disfunciones». En el número 57 de la misma Encíclica, Benedicto XVI plantea el problema del principio de subsidiariedad, del que dice que es adecuado para gobernar la globalización.

La actitud papal ante la globalización, en 2009, fue «esperar y ver».

B.- En la Encíclica Fratelli Tutti reflexiones sobre la globalización están en diferentes partes del texto. Por el realismo de los hechos es natural que las ya producidas patologías de la globalización se incluyan en el 1º capítulo, referido a las sombras de un mundo cerrado: «Más cercanos, no más hermanos» (número 12), señalando el papa que la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos, y que el avance de la globalización favorece la identidad de los más fuertes. En el número 29, de una parte, se reconocen los avances positivos en varios ámbitos, pero se constata un deterioro de la ética y debilitamiento de los valores espirituales, debilitándose los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad, corriendo el mundo sin un rumbo común. Y en el número 138 se lamenta el papa que, ante un tan conectado por la globalización, no exista un ordenamiento mundial.

La actitud papal ante la globalización, en 2020, es la de ver «sombras de un mundo cerrado».

Dada la importancia que la Encíclica otorga a eso de «soñar juntos» («!Qué importante soñar juntos!» -se exclama en el número 6 de Fratelli Tutti-, hago constar a continuación lo que Roger Caillois, también poeta y gran sabio (cuyo sillón en la Academia francesa (La Coupole), a su fallecimiento (1978) ocupó Marguerite Youcenar), en su libro Poder del sueño, editado este mismo año este por Atalanta, en las páginas 19 y 20, se escribe:

«Nada más personal que un sueño, nada que encierre más a un ser en la soledad irremediable, nada más reacio a ser compartido. En la realidad, todo es experimentado en común. El sueño, por el contrario, es una aventura que el soñador ha vivido solo y del que únicamente él puede acordarse. De ahí la tentación de imaginar a dos o a varias personas, o incluso a una multitud, soñando el mismo sueño, o sueños paralelos, o sueños complementarios».

Es arriesgado que un Papa trate de superar a los poetas y caiga en tentaciones…

2.- Neoliberalismo y mercado:

(Continuará)

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