Esta semana tendrá lugar la entrega de los Premios Nobel 2020. La ausencia de españoles en esa élite (exceptuando en literatura, el último en conseguirlo fue Severo Ochoa en 1959) es un estigma de la ciencia española, aunque eso podría cambiar en la próxima década. El físico valenciano Pablo Jarillo está cada vez mejor posicionado. Es uno de los mayores impulsores de la llamada twistrónica (basada en los efectos electrónicos que emergen tras rotar planos de grafeno) y eso le ha valido varios «galardones antesala», a los que se acaba de sumar uno patrocinado por el Comité Nobel de Física. Es el mejor indicio de que la candidatura de Jarillo ha llegado muy arriba.

Este año nos llevamos un chasco al ver como el Nobel de Química premiaba el método de edición genética dejando fuera al alicantino Francisco M. Mojica, uno de los padres de la idea. Le queda el consuelo de verse citado hasta cuatro veces en el informe que acompañó la concesión del premio, señal de que ha andado cerca. Ese método es uno de los principales hitos de la ciencia de lo que llevamos de siglo XXI, y algunas de sus aplicaciones podrían merecer el Nobel de Medicina en los próximos años, pero eso ya se alejaría de la ciencia básica y las opciones de Mojica serían menores. Todo acabará llegando, porque la ciencia española cada vez se homologa más con las de los países de su entorno. Se acaba de conocer que en 2019 ha aumentado su presencia entre las publicaciones científicas de excelencia.

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¿Quién será el próximo nobel español?