Aunque ahora parece estar de moda, no hace mucho el suicidio era tema tabú. Existía un pacto tácito entre los medios para eludir la cuestión. ¿Cuáles eran los motivos para que redactores y cronistas omitieran esta jugosa información? Razones no faltaban, siempre hubo miedo a los imitadores.

Como tantas manifestaciones humanas, las conductas se contagian -piense en la risa, la tristeza…-. Allá por la década de los 70 un sociólogo norteamericano llamado David Phillips estudió como los actos suicidas se incrementaban cuando los periódicos publicaban noticias relacionadas con la cuestión. Phillips llamó a este fenómeno el efecto Werther -recuerde el lector que Las desventuras del joven Werther fue un lacrimógeno bestseller del siglo XVII que hizo llorar a muchos románticos, hasta el punto de que más de uno encontró no sólo suspiros, sino salidas más radicales-. Desde entonces las noticias relacionadas con este tema se tratan de forma muy, muy discreta.

No obstante, la anterior tendencia está cambiando, los expertos se han dado cuenta de que tratar el suicidio de una forma sensible y controlada, no tiene porqué ejercer ese efecto Werther, al contrario. Visibilizar el problema puede ser el primer paso para comprenderlo y actuar en consecuencia. Por ese motivo esta ahora más presente en los medios y por ello me sumo a los que creen necesario estar preparados… para lo que por desgracia llegará.

La historia nos enseña que la humanidad ha salido de todas, aunque con cicatrices y este Covid, nos marcará para siempre. Algunos sociólogos hablan de la generación «pandemial», sombrío augurio para los jóvenes de hoy. ¿Pero qué efectos psicológicos nos dejará esta crisis? Si ya de por sí teníamos una altísima cantidad de casos relacionados con la salud mental (los estudios sobre prevalencia cifran que, un 20% de la población padecerá, en algún momento de su vida algún tipo de trastorno psiquiátrico) habrá que sumarle las situaciones de estrés, ansiedad, depresión, incertidumbre, desánimo y en algunos casos duelo sin superar -un verdadero semillero de patologías psicológicas que se nos echará encima-.

Pero volviendo al tema principal. Asturias lidera las tasas de suicidios en España, con un porcentaje de 13,4 muertes por cada 100.000 habitantes en 2018, valores más altos que los países nórdicos, considerados tradicionalmente como mohínos y melancólicos -habrá que revisar esa creencia-. ¿Y en 2021 de cuántos suicidios estaremos hablando? Es imposible saberlo con certeza -no hay precedentes-, pero como últimamente nos gusta hilar tan fino, intentaré dar una cifra basada en la evidencia científica.

El acontecimiento más afín (aunque sea desde un punto de vista económico) fue la crisis de 2007 y creo que todos coincidiremos en valorar aquel trance, en comparación a éste, como un juego de niños. Al poco de quebrar Lehman Brothers algunos expertos advirtieron sobre el incremento de casos de suicidio y poco tiempo después, los presagios se cumplieron. Pasados los años proliferaron los estudios sobre aquella crisis, la mayoría de aquellos análisis académicos fueron sesudos e irrefutables -porque las ciencias sociales es lo que tienen; explican mucho, pero predicen poco, ya sabe: «a toro pasado todos somos Manolete»-. Si algún lector aburrido quiere consultar alguna publicación, aquí le dejo una muestra: Chan et al. (2013), Reeves et al. (2014), Iglesias-García, C. et al. (2018) o Paraschakis A. et al. (2018). No obstante, si no quiere perder tiempo le resumo: todas las investigaciones comparten la correlación entre crisis económica, desempleo y mayor número de suicidios… nada que nos pueda sorprender -a veces necesitamos que los expertos nos confirmen lo que la experiencia nos revela como obvio-.

Pasemos entonces al ejercicio práctico, en Asturias la tasa de suicidios consumados según el HUCA es de 11 casos al mes, y la lógica nos dice que dadas las circunstancias esta cifra no mejorará. Antes de seguir hay que mencionar que paradójicamente se produjeron menos casos durante estos últimos meses… -misterios de la psique, a lo mejor la convivencia no es tan mala-. No obstante los estudios aseguran que la crisis económica, que aún está por llegar, los incrementará con total seguridad. No olvide que una cosa es valorar en qué medida las patologías psiquiátricas previas se ven agravadas por esta pesadilla… y otra verte literalmente en la calle, situación esta última fácilmente cuantificable a efectos estadísticos.

Se sabe que un aumento del 1% en las tasas de desempleo implica un incremento del 0,80% en el porcentaje de suicidios. Pues bien, si el año pasado el desempleo rondaba el 13,7% y el Banco de España prevé que el paro se dispare hasta el 24,7%, la diferencia sería del 11%, luego el incremento de suicidios será de 8,8%, lo que se traduciría en más de 143 suicidios para el 2021. Casi nada, como ven el Covid seguirá golpeando aún después de haberlo superado -esperemos que pronto-. Decía el gran Séneca que: «Cuando se está en medio de las adversidades ya es tarde para remediarlas» por eso supongo que todavía podemos hacer algo.

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La tasa de suicidios y el Covid. La que se nos viene