La oposición, en el Consejo de Ministros


Las discordias en el seno del Gobierno español han sido una constante desde que se formó. Prácticamente no hubo una semana en que no estallase algún conflicto. Y no hubo un conflicto que no se cerrase tras una conversación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Supongo que la pacificación se basó siempre en un principio de utilidad: si la coalición se rompiese, ambos perderían el poder, y eso es lo único que tienen el compromiso y la obligación de salvar. Lo deja claro el señor Iglesias cuando advierte a las derechas que tardarán muchos años en volver a gobernar o que nunca volverán.

La novedad de los últimos días es que ahora no hay decisión gubernamental que no esté marcada por la confrontación, tanto si se trata de eso que llaman la «agenda social» como de grandes asuntos de Estado. La lista de conflictos o diferencias es inmensa: monarquía, autodeterminación, salario mínimo, período de cómputo de las pensiones, reforma laboral, desahucios, cortes de suministros, indulto de los presos catalanes… Ya no es que haya dos tendencias en el Gabinete -tres, según algunos analistas-, sino que en el Consejo de Ministros se sientan el Gobierno y la oposición de izquierdas. Unidas Podemos actúa como una auténtica oposición interna, con la singularidad de que supera a la oposición convencional en el Parlamento. La supera en dos aspectos: en intensidad y en eficacia, porque casi siempre alcanza sus objetivos.

Hasta ahora se justificaron las desavenencias en el hecho cierto de que PSOE y Podemos son partidos distintos y es lógico que no coincidan en todo. Pero esa explicación buenista ya se queda corta. Si las diferencias fuesen únicamente fruto de visiones distintas de las medidas económicas o sociales, se resolverían dentro del Gabinete y no se trataría de airearlas en público creando una permanente sensación de crisis. Ahora se está en una fase de comunicación externa de los desencuentros. Quiere decirse que una de las dos partes -hasta ahora siempre ha sido Podemos- tiene mucho interés en que se conozcan.

¿Qué significa eso? Que, si es el sector socialista el que publicita los conflictos, deja en mal lugar la autoridad del presidente y confunde la transparencia con la ingenuidad. Pero, si es Podemos, es que quiere reafirmarse como la izquierda auténtica frente a un socialismo que juega a los intereses del empresariado, del capitalismo o de lo que antes llamaba «la casta». Y, si esa es su intención, es que está trabajando directamente contra el PSOE. Trata de ocupar su espacio electoral por la izquierda. Con un matiz: no critico sus posiciones, que son coherentes con su ideología o, si lo prefieren, con su populismo. Critico su difusión, que no responde exactamente a lo que entendemos como criterio de lealtad. Si se continúa en esa línea, la coalición tarde o temprano terminará por estallar.

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