Tres rayos de esperanza


Ya lo escribió Leonard Cohen, la voz canadiense injustamente más reconocida por su música que por su talla poética: «Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz». Hay rendijas en estas amargas Navidades, fin de ciclo de un año funesto, por las que se cuelan hilos de luz. Rayos de esperanza para disipar la incertidumbre en los tres ámbitos que, según el bolero, justifican nuestras vidas: salud, dinero y amor. Las tres cosas de la vida que, en esta época de peste, se traducen en otras tantas aspiraciones para el año entrante: rescatar la salud de las garras de la pandemia, reconstruir el empleo destrozado y recuperar los abrazos aplazados.

El inicio de la campaña de vacunación constituye el primer chorro de luz al final de un año de tinieblas. El principio del fin de la pandemia, dice el eslogan oficial. La esperanza, como titulaba ayer su artículo el admirado Miguel-Anxo Murado. Si todo marcha según lo previsto, al llegar el verano habremos despertado de la pesadilla y podremos abrazarnos de nuevo. Por eso no se entiende, si obviamos el contaminado escenario político nacional, que el proceso de vacunación suscite críticas ya antes de su puesta en marcha. En vez de celebrar un hito histórico de la ciencia y el retorno de la esperanza, ya hay quien sugiere que el reparto de las vacunas, acordado por el Consejo Interterritorial de Salud, no está siendo «equitativo». A algunos no les importa tanto la salud como los réditos del negocio político.

El segundo rayo de esperanza lo aportan los Presupuestos del Estado, ya definitivamente aprobados, que entran en vigor el próximo viernes. Nunca, en la historia presupuestaria española, se desplegó una artillería tan poderosa para combatir una crisis económica. Utilizará munición de grueso calibre proporcionado por la Unión Europea -hasta 27.000 millones de euros el año entrante- o adquirida a crédito. Lo cual no garantiza la victoria ni que sea suficiente para revertir los destrozos causados por la pandemia, pero sí permite abrigar la esperanza de dejar rápidamente atrás el maldito 2020 e iniciar la recuperación. En cuanto entren en vigor, estoy convencido, los estigmas y anatemas sobre su marca de nacimiento caerán en el olvido. Y el debate se centrará donde siempre debió estar: en el contenido y en cómo maneja el Gobierno el poderoso instrumento que una amplia mayoría parlamentaria puso en sus manos.

El tercer motivo de esperanza supone, más bien, un alivio. Se consumó el divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea, pero se evitó la ruptura salvaje: el mal menor. El acuerdo de última hora establece las bases de la relación entre Londres y las 27 capitales de la UE a partir del viernes. Desaparece un elemento de incertidumbre que lastraba la economía europea. Y esto supone, tal como estaba el patio, un bálsamo.

Los tres rayos de esperanza tienen su foco, en mayor o menor medida, en la Unión Europea. Y esto, ante la ola de euroescepticismo reinante y para quienes empezábamos a mostrar síntomas de contagio, también supone una eficaz vacuna.

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