Largo, prolijo, emocionante Sánchez

E. Parra. POOL

Hay cuatro detalles que demuestran que Pedro Sánchez progresa adecuadamente como presidente del Gobierno: 1) Habla en tono presidencial, lo cual le presta la solemnidad inherente al cargo que ocupa. 2) Inunda las dos horas de intervención con datos, como corresponde a un balance que ha querido someter al dictamen -auditoría, dicen desde la Moncloa- de un grupo de análisis seleccionado por él. Los porcentajes son difíciles de desmentir. 3) No responde claramente a ninguna de las preguntas que le hacen los periodistas. Y así, nos quedamos sin saber, por ejemplo, si está trabajando en la Ley de la Corona. Y 4) tiene claro lo que hará la oposición, que será, por supuesto, presentar «un panorama apocalíptico» de la situación del país. Con esos cuatro ingredientes, unas llamadas a la confianza y la esperanza y unas expresiones de seguridad en el Gobierno se dispone a afrontar el año que empieza pasado mañana.

Respecto al conjunto del balance que presentó, hay dos aspectos llamativos. El primero que, habiendo sido tan detallista -«largo y prolijo», reconoció-, no haya encontrado el momento de mencionar los 50.000 muertos de covid reconocidos oficialmente y que estaban en los periódicos del día. Probablemente la muerte no tiene un departamento ministerial que haga un informe, o temió que empañase su paseo triunfal por el año 2020, en el que España sufrió lo indecible, pero su benefactor Gobierno estuvo donde tenía que estar: en un montón de protecciones, subsidios, moratorias, ayudas a autónomos, parados y necesitados, además de aliviar los desahucios o socorrer a las víctimas de violencia de género. Incluso mencionó ayudas al sector cultural, detalle que desmiente la larga, persistente, incluso fotografiada queja de los portavoces de ese sector.

Y el segundo, que habiendo cumplido ya el 23 % de sus 1.238 compromisos, ignoro por qué tenemos la sensación de estar tan mal, de hallarnos metidos en una pavorosa crisis económica y de estar al borde de una crisis social. Para evitar esa sensación yo hubiera preferido más balance de las mejoras logradas para la ciudadanía que la relación numérica de acuerdos y medidas de su Consejo de Ministros como prueba de su proverbial eficacia. No hacerlo quizá haya sido un inesperado toque de tecnocracia o un insólito gesto de modestia.

Y lo que más le humanizó: ¡Pedro Sánchez también tiene su niña de Rajoy! Se llama Araceli y tiene 96 años de edad. El presidente la eligió como símbolo: durante su vida hubo dos dictaduras, no sé cuántos presidentes de Estados Unidos, una guerra civil, una guerra mundial, varias Españas del hambre, y ahora ahí la tienen: es la mujer que estrenó la vacuna contra el covid. Es la gran representación del país: nació en la dictadura de Primo de Rivera y vuelve a nacer en la España de Pedro Sánchez. Me resulta difícil contener tanta emoción.

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