Es la inteligencia artificial (IA), amigos europeos

Gaspar Llamazares / Miguel Sou

OPINIÓN

SAMUEL TRUEMPY

04 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Se dice muchas veces que los Estados Unidos son una superpotencia en decadencia. Y es posible que sea así. Pero si nos atenemos a la tecnología, y desde el punto de vista de la competencia comercial, de las quince plataformas digitales más importantes del mundo, once son estadounidenses. En la misma línea, los presupuestos del NIH (National Institute of Health), el mayor organismo de investigación del mundo, contrariamente a lo que podría parecer, han aumentado significativamente todos estos años; y el esfuerzo público que se ha puesto en el desarrollo de las vacunas de la covid-19 es de los más elevados del mundo.

Este no es un asunto menor, porque en este momento tan trascendental, el peor para la humanidad desde las guerras de la primera mitad del siglo XX (y ya quedan pocos de los que las vivieron), si algo ha demostrado su utilidad ha sido la asociación de la ciencia con la medicina y la tecnología, simbiosis que ha servido para mantener, humildemente, las espadas en alto hasta el final. De nuestra soberbia creyéndonos superiores, ya hemos hablado bastante en los artículos que hemos publicado.

La revolución tecnológica ha dado un paso de gigante con la digitalización. Conducidos por ella, los macrodatos han impulsado la inteligencia artificial (IA: programas informáticos que producen resultados equivalentes a los obtenidos por la inteligencia humana). La IA designa aquellos productos como «machine learning» (la máquina perfecciona a través de la intervención humana los algoritmos programados) y, lo que es más definitivo, «deep learning» (los algoritmos se perfeccionan según los propios criterios del programa). De modo que las personas se sirven de los sistemas inteligentes para tratar gran cantidad de datos (con una orientación ética) y resolver problemas.