Somos fetichistas. Nos aferramos a rituales. Atribuimos propiedades mágicas a una simple agrupación de cifras y tomamos doce uvas para espantar el meigallo. Pero luego llega la realidad y nos da una bofetada en forma de contagios de coronavirus (sorpresa, sorpresa, no se fue con el 2020) y de una brigada bizarra de trumpistas con cuernos y banderas sudistas asaltando la casa de la democracia en Estados Unidos.

Al guionista loco que movió el mundo el año pasado le han prorrogado el contrato. Solo así se entiende que el más que previsible órdago de los conspiranoicos de ultraderecha, bendecido y azuzado por esa calamidad llamada Donald Trump, se produjera con una estética que recuerda a la carátula de un disco de Heredeiros da Crus y al desembarco vikingo de Catoira. Y que en las redes, siempre dispuestas a la pelea, muchos se hayan acordado de Steve Bannon justo cuando Vox trata de borrar sus lazos con el adalid populista, antiguo asesor del presidente saliente, que lleva años trabajando para que pasara lo que pasó anteayer: un intento de golpe de Estado.

Como dice el historiador Julián Casanova, el «huevo de la serpiente» no fue puesto en el 2020, sino antes del 2016, cuando millones de personas llevaron, a un «hooligan al poder» con la bendición de «gentes de orden» de todo el mundo.

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El guionista loco del 2021