Washington: Estriptis del fascismo (y allegados)

OPINIÓN

Seguidores de Trump rompen la seguridad del Capitolio
Seguidores de Trump rompen la seguridad del Capitolio JIM LO SCALZO | EFE

09 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El otro día murió Pierre Cardin. Cuando yo era niño su invento se llamaba prêt à porter. Tuvo tanto éxito que ahora ya no se llama de ninguna manera. La generación anterior a la mía, cuando quería ropa, tenía que llamar a un sastre, que le tomaba medidas y lo llenaba de alfileres y pespuntes. Se hace raro que aún viviera el señor que había inventado las tiendas de ropa. Recordé por asociación la primera vez que leí un trabajo de Stokoe, aún vivo entonces, sobre el lenguaje de los sordomudos. Cuando él empezó, se pensaba que los sordomudos eran discapacitados intelectuales. Todo el mundo suponía que los gestos con los que se entendían eran un apaño como el que haríamos nosotros para pedir melocotones a un ruso. Necesitó tiempo para explicar que aquello era una lengua natural, que el lenguaje está en el cerebro y que se expresa igual con la laringe que con las manos. Y se necesitó tiempo para que se aceptara que aquello definía un derecho: resulta que los sordomudos tenían una lengua y tenían el mismo derecho que todo el mundo a que se usara para su formación. Costaba creer que una persona aún viva hubiera vivido todo esto.

La gente humilde y pobre lo es casi siempre por estar en desventaja. Quien nace en una familia pobre será pobre o poco más. Hubo muchas luchas por un equilibrio más justo. Muchos sordomudos eran humildes por lo mismo: porque estaban en desventaja. En su caso había una discapacidad que los dejaba fuera del reparto de oportunidades y también fuera del foco de esa lucha por un equilibrio más justo. A la mitad de la población le pasó lo mismo por ser mujer. A otros por ser negros, a otros por ser extranjeros y pobres, a otros por tener la nariz ganchuda o por amar a gente del mismo sexo. A los desfavorecidos siempre se les deshumanizó y la misma deshumanización que hace tolerable la burla, el insulto y el estereotipo tiene en el límite el maltrato y la violencia. Por eso a veces la lucha de los que están en desventaja se modula con reclamaciones de minorías que quedan al margen del caudal general. Al final, siempre es cuestión de estar arriba o abajo.

El neoliberalismo es el orden social de los ricos. Predica que cada uno se proteja a sí mismo y que nadie tiene obligaciones con el que no se busca bien la vida. Lo que predica ya es barbarie. Pero lo que realmente quiere es peor. No quieren un sistema desalmado de competición feroz. Quieren un sistema desalmado y feroz en el que todas las opciones las tenga una minoría. Quieren un sistema que acumule riqueza en quienes ya la tienen. El fascismo es la horma más brutal del neoliberalismo. El fascismo histórico es una cosa diferente del liberalismo. Pero mutó, como tantos patógenos. El fascismo ya no necesita enfrentarse a la democracia. Hoy es posible ocupar la democracia, degradarla sin quebrar su forma e instaurar un sistema autoritario. Por eso las palabras ya no separan la democracia de la dictadura. Oímos a fascistas gritar libertad en nuestro Parlamento. Los oímos defender la Constitución. Los vimos en Washington exigiendo democracia «auténtica».