Filomena desnuda a la clase política


Da igual que sea una pandemia, una crisis económica o una nevada histórica como la que ayer se vivió en gran parte de España y muy especialmente en Madrid. Cualquier suceso que provoque una emergencia deviene inmediatamente en una disputa política en la que unos y otros se echan mutuamente las culpas, en función de quién gobierne cada administración, para eludir la responsabilidad de las consecuencias que afecten a los ciudadanos. Perdón, quería decir a los votantes. El mayor temporal de nieve que ha sufrido Madrid en al menos cincuenta años no escapó a esa refriega política. Mientras miles de ciudadanos permanecían atrapados en las carreteras, algunos pasando toda la noche en el vehículo junto a sus familias sin que nadie acudiera a prestarles ayuda, los gabinetes políticos preparaban ya las estrategias para escurrir el bulto.

De hecho, la batalla política comenzó antes de que la nieve colapsara las calles de Madrid, el aeropuerto, las vías ferroviarias y cualquier medio de transporte. Aunque los meteorólogos llevaban días anunciado que Filomena haría historia, las declaraciones previas de algunos responsables políticos se acercaron más a la prepotencia que a la concienciación de la ciudadanía ante el peligro, por su carácter incontrolable, de la situación que se avecinaba. «Los medios han funcionado. No nos ha pillado por sorpresa»», declaraba el viernes el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, solo unas horas antes de que la nieve convirtiera las avenidas de Madrid en una estampa propia de Siberia y generara un caos absoluto en el centro de la ciudad y en todos sus accesos. Y también el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, aseguraba confiado ese mismo viernes que Madrid estaba perfectamente preparado para aguantar 20 centímetros de nieve. El problema es que poco después se superaban ampliamente los 50 y el alcalde tenía que reconocer que estaba completamente desbordado y que su ciudad estaba «bloqueada». ¿A qué viene que unos y otros presumieran de tener todo controlado ante lo que se anunciaba ya como un temporal de dimensiones históricas?

Emergencias como la que ayer vivió España reflejan también la incapacidad de los dirigentes políticos para asumir cualquier tipo de autocrítica. Cuando un temporal genera gravísimos problemas en toda España, colapsa su capital y provoca al menos cuatro muertos, es evidente que algo no ha funcionado. Ante ello, no es de recibo que el Ejecutivo diga que no hubo la más mínima imprevisión y tampoco fallo alguno. Un Gobierno formado por dos partidos que exigieron responsabilidades a Rajoy por la nevada de enero del 2018. Y tampoco es admisible que el PP trate de obtener rédito electoral acusando a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de pasar «una noche de mantita y peli» mientras los ciudadanos sufrían el azote del temporal. Alguien podía creer que una tragedia como la de la covid-19 habría servido para que los políticos aprendan algo de humildad, autocrítica y altura de miras. Pero Filomena deja claro que no.

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