Me parece bien, y yo soy el primero en hacerlo, que las y los políticos mostremos cercanía con la ciudadanía. Me parece además obligado hacerlo para romper esa imagen nefasta de que solamente miramos por lo nuestro y que no nos preocupa la gente. Creo que tenemos que vivir con los halagos y con las críticas como parte de nuestro día a día, y la honestidad es un principio imprescindible para que la política siga viéndose como el método más útil para la organización social. El problema es que a veces somos especialistas en dar la vuelta a la tortilla y hay imágenes que dan un mensaje directo que esconden a la vez otros factores a tener en cuenta.

Un ejemplo claro lo hemos tenido en estos primeros días de enero tan fríos. La naturaleza manda, y por mucho que quiera el ser humano influir sobre ella, si el agua quiere volver a su cauce (aunque se haya construido un bloque de viviendas) o si la nieve quiere aparecer en grandes cantidades (a consecuencia de acciones contra el medio ambiente) en lugares donde por lo general ni hace acto de presencia, pues no hay manera de evitarlo. Negar la pandemia de la Covid-19 y la emergencia climática es tal absurdo que no merece la pena perder tiempo en ello, aunque también es cierto que no es bueno, en esta época de la posverdad y de la desinformación, dejar que determinados mensajes calen poco a poco.

De Filomena (la borrasca) nos hemos quedado con lo visible: la gran nevada, la bajada de las temperaturas y los coches atrapados contado desde el centralismo informativo de Madrid (con ello no quiero decir que no haya que dar la noticia de que la capital de España quedó totalmente parada, pero otras partes de nuestro país también tuvieron sus problemas). Lo que no vemos es el «pico y pala», es decir, el detrimento de los servicios públicos. El pretender que la ciudadanía asuma el papel de despejar aceras y carreteras esconde, bajo mi punto de vista, el deber de la administración a hacer su trabajo. Siempre he defendido y lo defenderé: nuestros impuestos sirven, entre otras cosas, para cubrir las necesidades colectivas.

Mi indignación no está tanto en si fallaron los protocolos seguidos desde que se decretó la alerta, porque siendo sensatos, no estamos preparados para hacer frente a una nevada de esas características. Lo que me enfada es que la solución sea pedirle a la ciudadanía que asuma lo que tiene que hacer su ayuntamiento, su autonomía y el Estado. El ejemplo más claro se produjo en Madrid, donde hemos podido ver estos días a algunos dirigentes del Partido Popular y de Ciudadanos su manera de entender la generosidad y lo que es ser un buen ciudadano. Obviamente se han puesto a quitar nieve para ponerlo en Twitter más que por otra cosa, pero me parece que ese concepto neoliberal de que cada uno se las arregle como pueda es peligroso. La Comunidad de Madrid es sin duda la región española donde tenemos los casos más claros de las políticas que la derecha ha llevado a cabo para cargarse todo lo público.

Los datos de atención sanitaria por traumatismos a consecuencia de las caídas por la nieve se han incrementado y es otra consecuencia de la falta de recursos públicos en la gestión a posteriori, porque esas aceras siguen con hielo. Sí, he de decir también que hay tonterías que pueden costar muy caras, como la de hacerse fotos desnudo cubierto de nieve (la viralización en las redes es contraproducente en un momento en que la presión hospitalaria vuelve a producirse por la Covid-19). Seguimos en pandemia, con datos terroríficos como los de Extremadura, y ya suenan las campanas de que las elecciones en Catalunya se retrasarán. El «pico y pala» que hay que pedir es que pongamos todos de nuestra parte para acabar con esta pandemia, no para limpiar las calles. Hagamos más tweets con lo primero, no con lo segundo.

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A pico y pala