El momento de la ruptura


Mucha marejada interna». Así describe Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, la situación del Gobierno y así la percibe cualquier seguidor de la actualidad. Lo hemos anotado muchas veces, pero se puede hacer una más: no hay día sin encontronazo entre el sector dominante, que es el socialista, y el minoritario, que es Unidas Podemos. Y se puede asegurar que las diferencias entre ambos afectan ya a todos los ámbitos de la gran política y de la gestión gubernamental. En la gran política incluyo, por supuesto, a la jefatura del Estado y en la gestión lo último que enfrenta a la coalición es el recibo de la luz, pero antes han sido prácticamente todas las medidas económicas y sociales. La marejada, efectivamente, es intensa. A veces, vista desde fuera, parece una galerna y el señor Esteban teme que «como no se ordenen un poquito» la coalición puede saltar. Nunca se sabe si esos diagnósticos se hacen como deseo o como simple expresión de un riesgo.

Este cronista también cree que la coalición puede saltar por los aires, pero no de forma inmediata ni por los conflictos que a veces nos escandalizan. Esos conflictos los tienen asumidos ambas partes y han encontrado la medicina para lograr la inmunidad de rebaño, y perdón por traer aquí el léxico del coronavirus: son dos partidos distintos y tienen derecho a tener opiniones diferentes. Para evitar que parezcan dos gobiernos que recuerden al bipartito gallego y su deprimente final, la terapia es el difícil equilibrio de que unas veces parezca que gana Pedro Sánchez y otras veces parezca que gana Pablo Iglesias. Y la esencia no escrita del pacto de coalición es que ambas formaciones cubran todo el espectro ideológico de la izquierda y puedan estar muchos y largos años en el poder. Y mejor todavía si es con el apoyo de la izquierda independentista. No solo es que Sánchez e Iglesias lo piensen; es que el señor Iglesias lo dijo en alguna ocasión.

¿Dónde veo yo el riesgo de ruptura? En las encuestas. El riesgo está en las encuestas. El día que Podemos compruebe que está bajando de forma sostenida en los sondeos de intención de voto y los una a los resultados ya obtenidos en Galicia y el País Vasco, y quizá dentro de unos meses en Cataluña, tendrá que hacer una seria reflexión autocrítica. Será en ese momento cuando comprobará lo que dicen la experiencia y los politólogos de guardia: en una coalición siempre pierde el más débil. Y entonces hará lo que hacía Jordi Pujol con su apoyo a los gobiernos del Estado: cuando España empezaba a oler a urnas, se despegaba de la Moncloa para que su alianza no le contaminase. Podemos también se despegará de Sánchez cuando necesite volver a presentarse como la izquierda auténtica y transgresora que recoja el voto de los nuevos indignados. Pero eso lo tienen que decir las encuestas. Antes, ¡se está tan calentito en el poder…!

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