El lío de las vacunas


Ni Pepe Gotera y Otilio generaron un esperpento mayor que el que estamos contemplando: consejeros autonómicos, alcaldes y otros varios que se saltan la cola para ponerse la vacuna (alguno dimite, pero los más ni se inmutan, alguno tan solo moquea ante las cámaras); en un arrebato infantilista, el presidente valenciano castiga sin la segunda dosis a los 150 carotas de su comunidad (¿no se dará cuenta que así se pierden definitivamente?); faltan jeringuillas adecuadas para aprovechar al máximo el preciado líquido; Pfizer envía menos vacunas de las pactadas y no hay consecuencias para la empresa incumplidora… y así todo.

¿Qué me dicen de la absoluta falta de transparencia respecto a los contratos firmados con las farmacéuticas? Me resulta atrabiliario, sospechoso y una bajada de pantalones en toda regla, que a nada bueno conduce. También merece mi reprobación que los pobres de este mundo -una vez más- sean los últimos de la fila (por no tener, no tienen ni oxígeno medicinal en muchas partes, como atestigua el dramático llamamiento del arzobispo de Manaos, en la Amazonia brasileña): que les vayamos a dar las vacunas que nos sobren cuando nosotros estemos vacunados no es muy ético que digamos.

Sorprende las escasa atención que se presta al desarrollo de las vacunas rusa y china, no digamos ya el silencio casi absoluto sobre la de la India: ¿será porque le pueden chafar el negocio a algunos? ¿No habría que aprovechar la coyuntura para fortalecer lazos, lograr avances regulatorios en esos países y establecer puentes para ulteriores alianzas? Porque lo que está demostrando el desarrollo acelerado de las vacunas es que cuando tenemos voluntad real de hacer algo, lo hacemos y sacamos la financiación hasta de debajo de las piedras.

Me reafirmo en lo que ya escribí Bioética en tiempos del covid-19: «El objetivo de acabar con el covid, tan deseado por todos, solo se alcanzará con la realización de la justicia social e internacional; y, además, con la práctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo». Solo una bioética global, afectiva y efectiva nos salvará de este lodazal moral en el que nos estamos hundiendo.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

El lío de las vacunas