Ladrones de cuello blanco


L a víspera de la marcha de Trump de la Casa Blanca se anunciaba que estaba a punto de conceder decenas de perdones presidenciales, algunos de los cuales iban a beneficiar a delincuentes de cuello blanco. El anglicismo de cuello blanco va desplazando en el español al más tradicional de guante blanco. Desde principios del siglo XX, por allá se llamaba white-collar worker (trabajador de cuello blanco) a quien se gana la vida en una oficina o en un despacho, mientras que quien solía vestir mono azul, el obrero, era el blue-collar worker. El white-collar worker que se aprovechaba de su condición profesional para cometer un delito económico se convertía en un white-collar criminal (delincuente de cuello blanco), nombre que empezó a usarse en los años veinte del siglo pasado. 

Los redactores del diccionario académico son renuentes a recoger estas expresiones anglicadas. Alguna sí está presente en el Diccionario panhispánico del español jurídico, que define el delito de cuello blanco como el cometido «por altos representantes políticos y empresariales, distinto de los habituales delitos de sangre». El sociólogo estadounidense Edwin H. Sutherland (1883-1950), autor de Criminalidad de cuello blanco, consolidó estas expresiones. Explica que este delito es «un crimen cometido por una persona de respetabilidad y alto estatus social en el curso de su ocupación». 

Más tradición de uso en español tiene de guante blanco, que viene a decir de un delincuente que actúa con elegancia y sin emplear la violencia. Julián Zugasti y Sáenz, estudioso del bandolerismo, escribió ya en 1880 sobre «esos fortunones fulminantes, esos engrandecimientos súbitos a costa de la ruina de tantos infelices, y esos despojos colectivos llevados a cima por bandoleros de guante blanco». 

Muy distintos de estos fue Arsenio Lupin, prototipo de los ladrones de guante blanco de ficción. Uno de sus émulos protagoniza una serie de Netflix. En las portadas de las novelas, el personaje de Maurice Leblanc aparece con frac, sombrero de copa y, cómo no, guantes blancos. Lupin es un fuera de la ley, pero no es perverso, y elige como víctimas a personas peores que él. A la hora de definir el delito de guante blanco, algunos lexicógrafos parecen tener en mente a Lupin y no a los ladrones de guante blanco reales, pues dicen que estos cometen sus fechorías sin mancharse las manos. Pues en los que pensamos las tienen muy sucias, aunque no necesariamente de sangre.

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