Duro baño de realidad

OPINIÓN

ADOBE STOCKSINC

02 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Escribía a comienzos de enero que me parecía más acertado comparar la situación de la lucha contra la pandemia con el giro de la Segunda Guerra Mundial en 1943 que con el desembarco de Normandía de 1944. No porque todavía quedasen dos años por delante para lograr la victoria, la emergencia sanitaria no durará cinco como el conflicto bélico, pero sí porque no era inmediata y todavía podían producirse retrocesos. Las semanas siguientes lo han confirmado.

A pesar del agotamiento general, no hay motivos para el desánimo. Probablemente la publicidad de las farmacéuticas y los deseos de insuflar optimismo de los gobiernos crearon la sensación de que se iba a producir un milagro, que el final estaba muy cerca, pero que la producción y la distribución de millones de vacunas presentaría dificultades era previsible y que la relajación volvería a aumentar los contagios también. Decía entonces que debíamos tener paciencia, quizá era pedir demasiado. Ni gobernantes ni gobernados estuvieron dispuestos a prescindir de las fiestas. Sabíamos que el virus era muy contagioso y, efectivamente, aprovechó la oportunidad. Demostró otra vez que una contención temporal no sirve de mucho si de inmediato se baja la guardia. Portugal pasó de ser un modelo a encabezar el ranking de contagios y muertes. España, que estaba entonces mejor que muchos de sus vecinos, no ha llegado a tanto, pero ahora destaca también negativamente.

Reciben críticas el presidente Barbón y el gobierno asturiano por la dureza de las medidas que aplican, es cierto que no han podido evitar el repunte, casi nadie lo ha logrado en el mundo, pero Asturias sigue entre las comunidades autónomas con mejores datos: 592 contagios por 100.000 habitantes en 14 días el 29 de enero, muy por debajo de los 887 de España y los 993 de Madrid, que, obsesionada en culpar de todo al gobierno central, ni los contiene ni salva a la hostelería o al comercio. Por cierto, el País Vasco y Cataluña, densamente pobladas, fronterizas con el exterior y con gran actividad económica, tienen 510 y 564, respectivamente. Eso no quiere decir que la situación sea buena ni en el Principado ni en el resto de comunidades que están por debajo de la media, tampoco garantiza que las cifras no empeoren, pero muestra, una vez más, cuál es la única política sensata hasta que aumente el porcentaje de personas vacunadas.