Messianismo

OPINIÓN

Pilar Canicoba

A poca distancia de donde se maquinaba el acuerdo con el 10 del Barça, se fraguaba el procés, otra burbuja. En un lado se declaraba la dependencia de un club que quedaba atado a un jugador, y en el otro se diseñaba la independencia.

06 feb 2021 . Actualizado a las 09:55 h.

Messi no es un tulipán pero lo que pasa con él tiene mucho que ver con la flor que ocasionó la primera burbuja económica. No fue en Argentina sino en Holanda donde la gente perdió la cabeza y el patrimonio por tulipanes que pasaron en poco tiempo de la jardinería a las finanzas. Aquellos adustos caballeros pintados por Rembrandt seguramente pensaban en tulipanes mientras posaban y el propio artista haría lo mismo. Sin que los economistas hayan logrado dar una explicación convincente (¿cuándo la dan?), los bulbos multiplicaban su valor, se hacían operaciones extravagantes, se amasaban fortunas, se arruinaban peculios. El valor teórico del producto y el real nada tenían que ver. Nadie se lo explicaba y aún así todos deseaban estar dentro de aquel cuento de hadas en el que volvía a producirse el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Sorprendidos estarían los holandeses de entonces si les dijeran que cuatro siglos más tarde el tulipán solo sería una flor ornamental, y que en cambio el precio de algunos artesanos dedicados a patear un balón rebasaría el tesoro de Alí Babá. Está visto que la humanidad va de burbuja en burbuja, hipnotizada unas veces por tulipanes, otras por compañías Puntocom, por el inmobiliario o por futbolistas. El mérito corresponde al primer hipnotizador que convence de la realidad de lo irreal al primer incauto, no con números sino con ilusiones que sacian la necesidad de creer. El mérito, en este caso, es de quien negoció en nombre de Messi para hacer del delantero un nuevo tulipán. ¿Será el mismo tahúr que representa a AstraZeneca?

Aparte de esa tradición de economía mágica que se remonta a la Holanda del XVII, el abordaje contractual de Messi también se explica por la Cataluña surrealista que sirve de escenario. A poca distancia de donde se maquinaba el acuerdo con el 10 del Barça se fraguaba el procés, otra burbuja. En un lado se declaraba la dependencia de un club que quedaba atado a un jugador, y en el otro se diseñaba la independencia. Mientras se hacía balance con el Estado para concluir que «España nos roba», se le entregaba al astro un botín que haría desequilibrar cualquier balanza fiscal. El nacionalismo tiene hambre de símbolos y resiste mal territorios neutrales como puede ser el fútbol. Donde alguien no afectado por la fiebre ve un equipo, un gol o una final de copa, el devoto de las glorias nacionales divisa ocasiones para exhibir la fuerza de la nación. ¿No fue Vázquez Montalbán quien definió al Barça como el ejército desarmado de Cataluña? Aun siendo argentino Messi opera como una moreneta laica cuya pérdida sería más dolorosa que el 155. ¿Cuál es el precio justo de un dios? ¿Cómo se tasa a un héroe? Una trama parecida a la de su contrato está en la historia de los Oscar: El golpe.