Derechos Humanos

OPINIÓN

Eddie Redmayne en un fotograma de «La chica danesa»
Eddie Redmayne en un fotograma de «La chica danesa»

09 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En septiembre de 2017 llevábamos con éxito al pleno del Congreso la proposición de ley por la igualdad de la comunidad LGTBI. En febrero de 2018, el Partido Popular defendió una enmienda a la totalidad que convertía un texto trabajado, complejo y ambicioso de 99 artículos en veinte páginas escritas de cualquier manera y donde se eliminaban absolutamente todas las medidas destinadas a garantizar derechos y ciudadanía a las personas trans. Estaba más que claro qué les molestaba, y eso que el verano anterior habían suscrito el apoyo a la ley, requisito para poder ir en la cabecera de la manifestación del Orgullo en Madrid. Es lo que tienen ese tipo de políticos, que sus compromisos duran lo que el flash de la foto. Quede para la posteridad el fotogénico cinismo de Javier Maroto y Andrea Levi.

El PP se quedó ya entonces solo frente a lo que es un consenso social. Gobernaban pero aún así perdieron y aquella ley siguió su curso parlamentario hasta que la legislatura acabó un año después. Con el trabajo por hacer en mente Unidas Podemos y el PSOE firmamos un acuerdo de gobierno que incluía una ley de igualdad de trato, una ley de igualdad LGTBI y una ley de derechos para las personas trans. Porque ese trabajo por hacer son derechos pendientes de garantizar. Y tras esos derechos no hay otra cosa que personas. Personas que por ser quienes son siguen sufriendo niveles de discriminación, marginación, agresión, depresión y suicidio que deberían avergonzar y sobrecoger a cualquier sociedad. Mientras esta vulneración de derechos fundamentales tenga lugar no podremos hablar sin sonrojo de democracia, porque  a día de hoy nuestro marco legislativo no garan tiza la ciudadanía de pleno derecho para todas las personas.

Ante quienes utilizan términos como polémica o debate para referirse a la cuestión de la ciudadanía y los derechos de las personas trans (... a menudo escuchando todo tipo de voces menos las suyas) les remito a los consensos amplísimos con los que se han aprobado leyes en distintas comunidades autónomas. No es el caso de Asturies, y quizás la resistencia se explique en algunas claves a las que sinceramente no me parece importante entrar. El ruido de las risas de la Escuela Rosario Acuña fue daño para muchas personas y esos ataques sólo me producen una enorme vergüenza ajena y me reafirman en la necesidad de que exista una ley garante de derechos para las personas trans, sobre las que recae tanta violencia física, simbólica y verbal.