Sueños covídicos


Tore Nielsen es un colega de ascendencia sueca que dirige el laboratorio de sueños y pesadillas de la Universidad de Montreal. A los suecos, que viven entre un lusco e fusco, les interesa mucho el sol de Torremolinos como lo que pasa en la profundidad del Hades.

Nielsen está volcado en saber cómo afecta la ansiedad de la pandemia sobre el sueño y las pesadillas; de lo que va descubriendo por ahora sabemos que nos altera la duración y acorta el tiempo de las fases REM, que es cuando soñamos. Estudia las pesadillas covídicas, que no es algo sencillo teniendo en cuenta que cada individuo tiene su forma singular de sentir y padecer la angustia, aparte de creencias tribales distintas capaces de alentarla o aplacarla.

Es muy difícil hacer una taxonomía general de los sueños y pesadillas covídicas, solo podemos analizar las nuestras, y yo estoy identificando algunas recurrentes significativas. En mis domésticos sueños covídicos aparecen gentes que pululaban por mi infancia y que ya se extinguieron, les hablo de cuarenta años atrás como mucho. No sé si es un deseo de regresar al único lugar seguro o la ansiedad por encontrar soluciones en el pasado útiles para el futuro mundo pospandémico.

¿Por qué se extinguieron los serenos, los porteros de familia, las piperas, los acomodadores, los pobres de solemnidad y mitones de nicotina... y tantos otros personajes dickensianos? A los serenos los aniquiló la mentira de que las fuerzas del orden público cumplían mejor su función. A los porteros les talaron la portería bajo el hechizo domótico. Las piperas y chuchuras de leche de burra y frutos secos se desintegraron a granel en los hipermercados. Los pobres de solemnidad mudaron en aseados africanos con móvil en la puerta del Mercadona. ¿No es buen momento para rehabilitarlos?

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