Los prejuicios de un juez que decide sobre nuestra salud


La profesión de juez es una de las que más responsabilidad entraña. De sus decisiones dependen la libertad y el patrimonio de las personas. También la salud. Así lo hemos comprobado tras conocer el auto de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que preside Luis Ángel Garrido, que ha permitido la reapertura de bares y restaurantes en esa comunidad. Los ciudadanos tienen derecho a esperar que las resoluciones judiciales se basen en hechos objetivos y no en prejuicios. ¿Lo ha hecho así Garrido o se ha dejado llevar por sus propias ideas preconcebidas? Veamos. Sabemos que en su perfil de WhatsApp ha colocado el título de una canción de Van Morrison, «No more lockdown» (No más confinamiento). Un tema que ha sido utilizado por grupos negacionistas para difundir sus mensajes. La letra no deja lugar a dudas: «No más extralimitaciones del gobierno / No más policías fascistas / Perturbando nuestra paz / No más recortar nuestra libertad / Y nuestros derechos otorgados por Dios / Pretendiendo que es por nuestra seguridad / Cuando realmente es para esclavizarnos / no más científicos del Imperial College inventando hechos retorcidos».

Garrido también menosprecia el trabajo de los epidemiólogos, de los que ha dicho que son médicos de cabecera que han hecho «un cursillo». Y ha llegado a comparar las medidas anticovid con lo que se hacía en la Edad Media. El fallo del que Garrido es ponente se permite dar opiniones sanitarias sin base científica y sostiene que «según una parte importante de los epidemiólogos», las reuniones familiares «pueden producir el 80 % de los contagios». No se cita ni quiénes ni cuántos son esos epidemiólogos. Aunque de esta enfermedad aún sabemos poco, existe un amplio consenso en que el principal factor de transmisión son los aerosoles que quedan suspendidos en el aire. ¿Cuáles son los lugares en los que hay personas que interactúan sin mascarilla? Los bares y los restaurantes. Cerrarlos es una medida que se ha tomado no solo en otras comunidades autónomas, sino en muchos países europeos. Ayer mismo Rafael Bengoa, que fue asesor sanitario de Obama, señalaba que, según los estudios más documentados, hay cuatro veces más infectados entre quienes han frecuentado bares y restaurantes que entre quienes no lo han hecho.

El tribunal que preside Garrido ya dictó otra resolución polémica que llevó al Gobierno a instaurar el segundo estado de alarma, al tumbar el decreto del Ejecutivo vasco que limitaba a seis el máximo de personas que podían reunirse. El fallo lo fundamentó en que una comunidad no puede limitar derechos fundamentales sin un marco excepcional como es el estado de alarma. Otras autonomías habían adoptado medidas en esa línea sin la oposición de sus tribunales superiores de justicia. ¿Tuvo que ver aquella resolución con las propias opiniones del juez o fue estricamente una interpretación jurídica? La duda es de por sí preocupante y peligrosa.

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