Tres elecciones simultáneas


En Cataluña hubo ayer tres elecciones. Tres en una. En las primeras solo competían dos fuerzas: el bloque secesionista y el bloque español. En las otras dos, celebradas en la Cataluña A y en la Cataluña B, las candidaturas en liza dirimían únicamente quién es quién, y con qué peso, en cada uno de los dos bloques.

Las primeras elecciones las ganó el independentismo: mantiene la mayoría absoluta, crece en votos y escaños, y está en condiciones de reeditar el (des)gobierno. Y las perdió Cataluña. En realidad, mientras los comicios se planteen como plebiscito, poco importa qué bloque consiga la victoria: siempre perderá Cataluña. Seguirá en pie, apuntalada por vetos cruzados, la muralla que la escinde en dos partes irreconciliables. Frustrada la esperanza de algún acuerdo transversal que tienda puentes, las elecciones demuestran que en Cataluña, tres años después de la insurrección y una pandemia por medio, la vida sigue casi igual.

Esquerra Republicana triunfó por la mínima en las segundas elecciones. Ganó Pere Aragonès y perdió Laura Borràs. Un mínimo alivio para quienes confían en apaciguar Cataluña por la vía del diálogo: el votante nacionalista avala -por los pelos- el pragmatismo de Junqueras y castiga -suavemente- la ensoñación utópica de Puigdemont. Lo que significa, en clave catalana, un atisbo de luz. Y en clave nacional, un respiro para Sánchez, temeroso de que las urnas reprendiesen a Esquerra por su colaboracionismo con el Gobierno.

En las terceras elecciones se impuso el efecto Illa. Arrasó el PSC, emergió el cohete de Vox, se desplomó Ciudadanos y el PP se internó en la irrelevancia. Arrimadas y Casado, escaldados, lo tienen crudo. El PSC, si solo hubiera unas elecciones como Dios manda, tendría motivos para festejar su éxito. Como hay tres en una, Salvador Illa tendrá que conformarse con relevar a Inés Arrimadas -o abandonar el barco como ella- como jefe de la oposición. Pero su victoria, estéril en términos de poder, tiene un aspecto positivo: pasar del antinacionalismo visceral de Ciudadanos a la zona templada que representa el PSC abre nuevas vías de exploración para el entendimiento. Más preocupante me parece la irrupción de Vox, que casi cuadruplica en escaños al PP. Solo le faltaba al polvorín catalán contar, junto a los antisistema de la CUP, con los pirómanos de la ultraderecha.

El corolario resulta poco edificante. La mera existencia de tres elecciones simultáneas refleja la esquizofrenia que sufre Cataluña.

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