Victoria independentista, futuro abierto


No se equivocaron las encuestas en esta ocasión, el denostado CIS de Tezanos prácticamente calcó el resultado en la publicada el 4 de febrero, solo minusvaloró levemente el ascenso de Vox y la caída del PP. No hubo, pues, sorpresas, aunque sean inevitables las desilusiones.

Vencieron los independentistas una vez más y lograron superar ligeramente la mitad de los votos emitidos, obtuvieron menos que en las anteriores en términos absolutos, pero eso les sucedió a los dos bloques y a todos los partidos, salvo el PSC y Vox, porque fue menor la participación, no sirve de argumento para quitar valor a su triunfo. Como en 2017, más holgada fue la mayoría de los partidarios de un referéndum de autodeterminación, que incluye a En Comú Podem. Esto muestra que el desgaste político del anterior gobierno de coalición no afectó a los sentimientos, que el encarcelamiento de sus líderes políticos refuerza.

También es cierto que la sociedad catalana sigue dividida al 50% sobre la independencia, algo que deberían tener en cuenta tanto los nacionalistas catalanes como los españoles. La novedad esperanzadora está en el buen resultado del PSC, primer partido en sufragios y empatado a escaños con ERC. Es una alternativa a la vez catalanista y no independentista, Salvador Illa lo ha dejado claro, aunque desde las cavernas se lo quiera presentar como un topo de los que buscan desmembrar España. A diferencia de Ciudadanos, no se presenta como una opción nacionalista contraria a la mayoritaria y, por eso, junto con ECP, ofrece una posibilidad de entendimiento que permita encontrar una salida política razonable a un conflicto enquistado.

Ciudadanos ha demostrado que era un partido suflé, que creció temporalmente en Cataluña gracias a las provocaciones de los independentistas y los errores del PSC y el PP, pero que es incapaz de consolidarse actuando solo a la contra. Su desempeño en la anterior legislatura demostró que el suyo había sido un voto muy poco útil; la manifestación de la Plaza de Colón, justo hace dos años, lo condenó como alternativa centrista y liberal; las alianzas con el PP y Vox no le ayudan a remontar. Sus votantes más radicalmente nacionalistas se pasaron a Vox, los más moderados volvieron al redil del PSC.

Se ha repetido en todos los medios que ahora hay dos opciones de gobierno en Cataluña: la coalición independentista de ERC, Junts y CUP y la de izquierda entre PSC, ERC y ECP, ambas con un número idéntico de diputados. Es cierto, pero la segunda es muy improbable, aunque quizá cuaje antes de que finalice la legislatura.

Cataluña es la comunidad autónoma que más se parece a Madrid en la ineficiencia de los privatizados y maltratados servicios públicos, lo ha demostrado la pandemia con relación a la sanidad. Esquerra no puede sentirse cómoda con una gestión de derechas, como tampoco lo está con el aventurerismo de Junts, por eso pretende hacer juegos malabares e incorporar a la CUP y ECP a su gobierno. Probablemente logre constituirlo, habrá que ver con cuántos de esos partidos, pero es previsible que se reproduzcan las tensiones en la coalición y que, si se concede el indulto a los presos independentistas, haya un cambio de alianzas en un futuro no muy lejano.

En cualquier caso, no va a ser fácil encontrar una salida política a la crisis catalana. No ayuda el reforzamiento del nacionalismo español radical que representa Vox, tampoco la debilidad de Cs y PP. Sin el apoyo de estos últimos partidos, un nuevo estatuto de autonomía, no digamos una reforma constitucional, es casi imposible, como ya se demostró en el pasado.

Pedro Sánchez y su gobierno salieron reforzados de estas elecciones, incluso ECP salvó los muebles, pero el fortalecimiento de la derecha extrema no es una buena noticia. No lo tienen fácil Arrimadas y Casado, el espacio que les queda libre es el de la moderación, el del centroderecha, como suele decirse, pero ambos compiten por él y tienen un peligroso enemigo en Vox, en estos tiempos de epidemia y crisis económica. Si siguen esa vía y no caen de nuevo en la tentación de rivalizar con él en radicalismo, puede ayudarlos que se produzca una rápida salida de la doble crisis que padecemos y que ERC logre llevar a Junts hacia el pragmatismo o, si no, que lo deje solo en el aventurerismo, nada sería peor que un nuevo choque de nacionalismos exacerbados para envenenar todavía más la situación política.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Victoria independentista, futuro abierto