A Pablo Casado le cambias una letra del apellido y ya es historia: Pablo Pasado. Pero, claro, la política no es la gramática, y él se resiste a asumir que ya pasó. Con tanta debacle electoral, casi debería decirse debucle, lo normal es que ayer hubiesen rodado cabezas en el PP. Casado, que no iba a ofrecer la suya en bandeja de plata, entregó por videoconferencia la de Génova, un señor edificio donde pasaron muchas cosas de juzgado de guardia. O sea, en el partido habrá una decapitación sin sangre, apenas con camiones de mudanzas. El Felipe II del PP se reunió con sus barones para contarles que no mandó sus naves a luchar contra la «tormenta perfecta». Ellos cerraron filas, eso que en un partido en crisis es siempre la antesala de una carnicería. No es lo mismo Pablo Casado se va que Pablo Casado se va de Génova. Casado se va de Génova para, esencialmente, quedarse. La cuestión es que su futuro se parece demasiado al pasado de Antonio Hernández Mancha.

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La mudanza de Pablo Pasado