Las y los catalanes hablaron en las urnas. Es cierto que la participación no ha sido la mejor posible (lo más seguro es que la alta abstención haya tenido que ver con la pandemia), pero hay que recordar que es una opción legal más y, aunque yo no comparta que no se acuda al colegio electoral (porque creo que siempre hay que votar, aunque sea en blanco), es obviamente una decisión de cada uno. El resultado final es dispar, porque hay un partido ganador en votos que, como ocurre muy habitualmente, no lo tendrá nada fácil para liderar el próximo gobierno; hay un bloque de partidos de izquierdas que suman, pero uno de ellos se ha situado más en continuar con su seña nacionalista que en estar más pendientes de los problemas reales de las y los ciudadanos; y hay una mayoría independentista que no se puede negar porque suma más en votos y escaños que los que no secundan con separarse de España. 

¿Quién ha ganado? ¿Hubo efecto Illa? A mi juicio, sí. El PSC llevaba una buena temporada en la mitad de la tabla (como dirían los periodistas deportivos) sin que fuera determinante en la política catalana. Ahora, aunque Salvador Illa pueda tener muchísimas dificultades de ser el próximo President de la Generalitat, me ha gustado mucho que haya tomado la delantera y su papel de ganador en votos, cuestión que Inés Arrimadas renunció a realizar hace tres años. Es hora de la política, y del diálogo, de romper vetos y de poner fin a un procés que no le ha servido para nada a Catalunya. Bien es cierto que para dar por finiquitado este largo periodo de más de diez años es elemental que Esquerra tome una decisión complicada dentro de sus filas, que tiene que ver con dejar de lado su carácter independentista para poner en el centro de su acción política estar a lo que hay que estar. Ojalá se volviera a los acuerdos de los años de Pasqual Maragall y José Montilla al frente del Govern, pero es cierto que el discurso de Pere Aragonès y de Oriol Junqueras se sitúa más en reeditar el acuerdo con la derecha de la antigua convergencia (que Junts se ha quedado en exclusiva como heredera al desaparecer el PdCat de Artur Mas) contando con el apoyo de la CUP. Al menos públicamente no parece que se vaya a priorizar un nuevo ejecutivo progresista con PSC y En Comú Podem, así que guste o no guste, es Esquerra quien tiene la sartén por el mango y, por tanto, creo que ha sido el mayor ganador del 14-F. La primera cuestión que nos servirá de termómetro en las negociaciones será la elección de la Mesa del Parlament. Imagino que si Laura Borràs se queda sin posibilidad alguna de ser la próxima presidenta, al menos sí que alguien del partido de Puigdemont dirigirá la cámara autonómica.

¿Quién ha perdido? Los resultados no solamente hay que verlos en clave catalana, sobre todo con los que tienen menos peso en el Parlament. El PP ha vuelto a quedar último, y no extraña porque a mi juicio nunca ha tenido el menor interés por sacar un resultado decente. La estrategia ha sido más bien usar el asunto catalán para buscar rentabilidad electoral en otros territorios, especialmente en la Comunidad de Madrid. Así que presenten a quien presenten, creo que el resultado sería muy parecido. No obstante, para mí el gran perdedor no es el PP, sino Ciudadanos. No solamente por una cuestión numérica, que por supuesto 30 diputados son muchos, sino porque su discurso y su propuesta programática ha quedado destruida. Ya no le veo más futuro a este partido que una absorción o la integración en el PP. Es evidente que su crisis interna (pienso que lo ocurrido con Lorena Roldán les hizo mucho daño) y sus pactos envenenados con el PP (porque han necesitado a Vox en varios lugares) para enfrentarse al «sanchismo» socialista iniciado por Albert Rivera les ha pasado factura. 

Pablo Casado e Inés Arrimadas deben entender que tienen a un adversario electoral que poco a poco les está quitando terreno, y en el actual contexto de crisis económica y social, su discurso cala entre quienes desconfían de la política porque se sienten abandonados. Ahí la izquierda tiene que estar también a ojo avizor, porque su electorado ya no son hombres adinerados de derechas que viven en zonas ricas como al principio podíamos pensar. Cada vez más los barrios obreros, las familias más humildes, buscan en sus discursos simplistas a problemas complejos alguna solución a sus problemas. Ahora tienen 11 diputados en el Parlament de Catalunya, pero mañana podrían ser más fuertes todavía. A menos que se produzca algún adelanto o que se repitan las elecciones catalanas por falta de acuerdos, ahora mismo estamos en un escenario de dos años sin comicios. Ojo porque mirar para otro lado es el peor remedio y países que vemos tan avanzados en democracia como Francia tienen a la familia Le Pen desde hace años entre los favoritos para ganar. Todavía no lo han conseguido, pero su avance sigue aumentando. 

¿Debe el PP tomar medidas? En el anterior artículo reflexionaba que el cambio que necesita el PP para romper con el pasado no es una cuestión estética. Creo que no es suficiente irse a otra sede, y más si el motivo es para que la prensa deje de hablar de Génova por calle Serrano o donde se mude el partido. Romper con el pasado pasa por tener las agallas necesarias para retirarles la condición de militantes a quienes la justicia está poniendo en su punto de mira. Solo así el PP podría justificar que ha roto con épocas pretéritas. En estos momentos no lo han hecho. Es más, el PP se ha vanagloriado de que ex dirigentes como Cristina Cifuentes hayan quedado absueltos (en una historia que se centró exclusivamente en dilucidar la falsificación de un papel que la propia ex presidenta de la Comunidad de Madrid exhibió a través de las redes sociales). Si pasar página significa eso, pues creo que se confunden, de verdad. Luego que no busquen culpables a sus resultados electorales si no actúan dentro de sus filas cuando tienen la oportunidad de hacerlo.

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¿Quién ha ganado y ha perdido?