Música, política y orgía de violencia


Pido perdón por mi incultura musical, pero debo confesar que nunca me preocupé de buscar alguna creación del rapero Pablo Hasél. Leí bastante sobre su persona, casi siempre en las informaciones de tribunales, pero nunca se me ocurrió bajar una canción suya de Internet. Estos días lo he lamentado porque, siendo él un cantante con tantos y tan apasionados seguidores, no puedo dar una opinión sobre su calidad artística ni sobre el ingenio de sus letras. Reconozco ese vacío, que no es el más importante en mi prosaico currículo y prometo rectificar. Hoy no se puede mantener una conversación medianamente culta sin saber quién es Hasél, qué canta y cuál es su sentido del ritmo y la melodía. Y yo me niego a comentar sus sentencias condenatorias anteriores, porque nada tienen que ver con lo que ahora dio con sus huesos en prisión. Lo más preocupante como indicios derivados de su juicio y su encarcelamiento son los siguientes hechos:

1) Contribuyó a abrir un debate bastante serio sobre la libertad de expresión y sus límites. Deja una opinión dividida entre quienes creen que no debe ser delito el enaltecimiento del terrorismo y quienes opinan que enaltecer a asesinos, por muchas razones ideológicas que se aleguen, quizá no merezca la cárcel, pero tampoco el reconocimiento.

2) Ayudó a crear un ambiente favorable a la despenalización de los insultos y las injurias al jefe del Estado, porque para eso está: para demostrar que la libertad de expresión no tiene límites. Para el republicanismo es un triunfo sensacional: si alguien llama ladrón o asesino al rey, no se le debe molestar. Pero todavía hay clases: si se lo llama a un compañero o a un peatón que pasaba por la calle, se le puede procesar, juzgar y aplicar las penas previstas en el Código Penal.

3) Le dio una disculpa fabulosa a los populistas, encabezados por Iglesias, para hacer propaganda de su idea de que la democracia española es una ficción y de que la Justicia no existe. Se demostró ayer mismo cuando el líder de Podemos dijo en el Congreso, y así constará en acta, que se encarcela a Hasél mientras a Cifuentes se la declara inocente. Antes se había dicho que «rapear no es delito», como si a Hasél lo hubiesen condenado por su forma de cantar.

Y 4) Desató la ira de radicales y antisistema, que encontraron la oportunidad de practicar su deporte favorito de la violencia callejera, en un insólito espectáculo que los Mossos calificaron como «violencia extrema y gratuita», con destrozo de bienes públicos y privados y una comisaría destruida en Vic. Todo esto tendrá un colofón que ya hemos visto en Cataluña: a los policías los investigarán y les abrirán expediente por sus «durísimas» actuaciones; los violentos serán señores que hacen uso de su libertad.

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