Pau, en la puerta del cielo


El programa Epílogo fue, y es, uno de los formatos más originales de la televisión. Un programa de entrevistas en un plató luminoso y ante una puerta del cielo entreabierta que solo se emite una vez que el protagonista la ha cruzado para siempre. Parecía la oportunidad perfecta para saldar cuentas y cantar las verdades reprimidas toda una vida, pero no ha habido grandes sobresaltos ni escarmientos en esas charlas póstumas que comenzaron en 1998 con Antonio Saura y que, hasta el momento, se cierran con Julio Anguita en el 2020. Un poco de la sorna de Torrente Ballester: «No quiero dejar constancia de nada, y el que no esté contento que se ponga». De amargura con Buero Vallejo al despedirse «del peor de los mundos posibles».

La charla de Jordi Évole con Pau Donés fue un Epílogo conmovedor y pausado entre dos amigos que se conocieron hace años en un programa de Buenafuente, cuando Évole aún era El Follonero y fastidiaba a un Jarabe de Palo para quien todo era bonito todavía. Desde lo alto del Valle de Arán, tocaban los dos el firmamento con los dedos mientras el cantante iba recitando su epitafio de serenidad, de humildad, de pensar en positivo, de renunciar a la crispación, de aparcar el teléfono para centrarse en lo importante, de llorar es de valientes, de que siempre merece la pena, de poder decir sin aspavientos la frase final: «A la vida en general gracias por todo, ha estado muy bien».

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Pau, en la puerta del cielo