Capitanes y reyes. A mayor claridad, más distracción

OPINIÓN

Felipe VI, en el acto para recordar la derrota del golpe de Estado del 23F
Felipe VI, en el acto para recordar la derrota del golpe de Estado del 23F Juan Carlos Hidalgo | Efe

06 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En un episodio de House, el médico protagonista explica a los estudiantes que lo bueno de decirle a alguien que se va a morir es que clarifica sus prioridades y muestra qué le importa más. Las situaciones críticas eliminan los grises y dibujan en negros y blancos las prioridades. Pasa con los gobiernos. No hay gobierno que no perore que la educación es una inversión de futuro y que no se puede dejar a nadie en la cuneta. Hasta que llegan los presupuestos y la política se reduce a esa gestión de la escasez que llamamos economía. Y entonces vemos cómo de grandes eran esas prioridades. Le pasó a la Iglesia. Cada cierto tiempo sale el tema del IBI que no paga, uno de esos privilegios de la Iglesia que le costeamos entre todos, en la salud y en la enfermedad. En uno de esos picos de cabreo por tanta regalía, Rouco Varela, desde esa posición en la sombra que ocupa a plena luz del día, dijo que si se cobraba el IBI a la Iglesia el recorte iría sobre Cáritas. Cáritas canaliza la acción social y solidaria de la Iglesia. La Iglesia también se dedica a los medios de comunicación, donde fueron pioneros en el insulto grueso, la diseminación de odio y el sectarismo extremo. Se dedica a muchas cosas. Ante la posibilidad de perder el momio de la exención millonaria del IBI, la Iglesia, como todo el mundo, clarifica sus prioridades: lo primero que sobra es Cáritas. Pero no quería hablar de la Iglesia y menos criticarla por sus prioridades. Sería injusto, porque el país cada vez se le parece más.

Las situaciones críticas no determinan las prioridades, solo las hacen más visibles. La tragedia de la pandemia quitó los grises y dibujó en alto contraste la foto de las prioridades que nos estamos marcando como país. Pero cuanto más se amplían los detalles más difíciles son verlos. Muchos niños pequeños creen que el termómetro cura la fiebre. De la misma manera, parece creerse que la lupa que muestra daños en un tejido es la que provoca esos daños. Y así se piensa que la pandemia es la que crea el paro, la desigualdad y la endeblez institucional, cuando en realidad solo los caricaturiza. El tiempo de pandemia avanza dejando un rastro de muertes, ruinas y aturdimiento, sin duda. Pero no es una catástrofe informe y caótica. La catástrofe tiene forma, la forma del país vista con muchos aumentos.

Las muertes se concentraron en residencias de mayores. No fue exactamente este Gobierno el causante. Ni tampoco Ayuso. Todas las actuaciones de Díaz Ayuso fueron variaciones de la indignidad. Pero no fue ella la causante del cuadro dantesco de las residencias madrileñas en los peores meses. La pandemia clarificó, como decía House, las prioridades del país que fuimos aceptando. Los ancianos se morían en las residencias porque llevamos mucho tiempo colocando la protección social en la cola de nuestras prioridades. Por eso estuvieron tan indefensas las residencias. Alcanzamos los cuatro millones de parados, pero Isaac Rosa nos recordó que en los meses de pandemia el paro aumentó en 750.000 personas, ya teníamos más de tres millones sin pandemia y ya había mucha gente que trabajaba y no podía vivir con su sueldo. La pandemia solo exageró los detalles hasta la caricatura.