La visita del papa a Irak


En la lengua árabe no existen ni la letra ni el fonema «p», por lo que, para incorporar una palabra de otra lengua que sí la contiene, esta debe transformarse en «b». El resultado es que, por ejemplo, la palabra papa se convierte en baba, vocablo que, además significa papá. Muchos medios de comunicación árabes han aprovechado esta coincidencia para hacer un pequeño homenaje al pontífice que la semana pasada efectuó una visita oficial a Irak.

No es fácil transmitir lo que esta visita ha significado para la gran mayoría de los iraquíes, cristianos o no. En Irak solo quedan 200.000 cristianos del casi millón y medio que llegó a tener a finales del siglo pasado, pero muchos musulmanes también le esperaban con alegría. Pese a los graves problemas de seguridad, a la amenaza terrorista y a la pandemia, que se encuentra en un pico en Irak, el papa Francisco decidió presentarse ante ellos para cumplir con uno de los viajes que más tiempo y esfuerzo le ha costado realizar. Y es que la llegada del papa ha sido un acontecimiento histórico por ser el primero de un pontífice al país, pero, sobre todo, por ser el primero de un jefe de Estado que acude a Bagdad no para negociar alguna cuestión relativa a la guerra o a la explotación del petróleo, sino para transmitirles que no están solos y que son bienvenidos a la comunidad internacional.

A la población le cuesta creer, su fe se asienta en un pesimismo crónico. Los iraquíes siempre piensan que cualquier situación en la que se encuentren es susceptible de empeorar, y generalmente se resignan diciendo Allah karim -Dios es generoso o Dios proveerá-. Y no podría ser de otra manera para una población que ha tenido que sufrir la guerra contra Irán de 1980?1988, la guerra del Golfo de 1991 que destruyó gran parte del país y lo sumió en un embargo internacional, la invasión del 2003 que acabó por arrasarlo, la guerra sectaria posterior, el terrorismo doméstico y la ocupación del tercio norte en el 2014 por parte de Daesh. Guerra, miseria, hambre, pobreza, desolación fueron sus compañeros durante décadas y ahora son la corrupción y la pandemia; por eso la visita del papa les ha inspirado la esperanza del cambio que tanto necesitan.

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